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· Primera lectura: 
Levítico 13, 1-2. 44-46
· Salmo responsorial: 
Salmo 31. “Tú eres mi refugio, me rodeas de cantos de liberación”
· Segunda lectura: 
1 Corintios 10, 31-11, 1.
· Evangelio: Marcos 1, 40-45.

Un nuevo domingo se nos presenta. Ya el sexto del tiempo ordinario. Este año este domingo es el que pone fin a la primera parte del tiempo ordinario. Si, es el domingo de Carnaval, el anterior a esa imposición de la Ceniza, con la que el próximo miércoles inauguraremos la penitencia del tiempo de Cuaresma.
 
El Evangelio de esta semana nos presenta uno de los primeros milagros de Jesús, según el Evangelio de Marcos: la curación de un leproso. Más allá del gran signo, es importante ver como sucede la escena del diálogo entre aquel hombre y Jesús. La lepra no era solo una enfermedad muy grave, sino que suponía, de hecho, la muerte «civil» al tener que dejar la comunidad por el temor a contagiarse de ella.

Pero aquel leproso rompe las barreras. Su desesperación lo lleva a interpelar a aquel maestro como si fuera su última oportunidad, su «clavo ardiendo» al que poder asirse con fuerza. Eso es lo que se contiene en la súplica que le dirige de rodillas: «si quieres, puedes librarme». 
 
¿Cabe una fe más grande? No lo sé. Pero para el Señor fue más que suficiente. De ahí su respuesta, su «quiero, queda limpio». Y de ahí nuestra esperanza, nuestro reto:  ¿Somos capaces de fiarnos así del Señor, llega a eso nuestra fe? A él no podemos engañarlo, el conoce nuestro corazón, y sabe si nuestras peticiones son sinceras, si nuestra vida necesita ser curada. Y si estamos dispuestos a ello, o si sólo pedimos de «boquilla». Hermosa tarea la que se nos presenta ahí, si somos capaces de vivir para Él.
 
Junto a todo ello, tenemos otra efeméride en esta semana. Cada segundo domingo de febrero y desde hace casi seis décadas, la Iglesia en España celebra la jornada contra el hambre de «Manos Unidas». Una realidad que se hizo presente en la reflexión cristiana a mediados del siglo pasado, y que por desgracia no solo no ha desaparecido, sino que es un desafío que aumenta de año en año. 
 
La experiencia nos habla de la seriedad del trabajo de esta ONG de la Iglesia a la hora de ir consiguiendo recursos para realizar los proyectos que lo largo de mundo los misioneros y religiosas quieren poner en marcha. Tras su trabajo está la filosofía de «no dar el pez, sino el enseñar a pescar». Así son miles los proyectos de ayuda al desarrollo que ha promovido esta organización.
 
La 58 campaña lleva por lema: Comparte lo que importa. Porque compartir lo que importa es tratar de poner en común lo que es nuestra vida, nuestros bienes y nuestro compromiso por un mundo mejor. Esto responde al gran objetivo de «Manos Unidas»: que cada persona pueda vivir feliz según su dignidad. 
 
Para ello su propuesta se resume en tres cuestiones «esenciales y urgentes»: favorecer iniciativas que permitan el acceso a los alimentos a todos; impulsar sistemas de producción medioambientalmente sostenibles y plantear propuestas viables que eviten el desperdicio de alimentos.
 
Según nos recuerdan, todavía 815 millones de personas pasan hambre en el mundo, la desnutrición crónica infantil afecta a 155 millones de niños menores de 5 años. Y lo más grave de todo es el dato de que producimos suficientes alimentos para darles de comer a todos. Lo que pasa es que la riqueza de unos, tiene como consecuencia el hambre de muchos otros. Y de rebote, ese explotar la naturaleza, pone en riesgo el futuro mismo del planeta. 
 
Por eso, lo que nos pide Manos Unidas va más allá de un donativo, que es muy necesario. Es la necesidad de cambiar de nuestra manera de vivir. ¿Seremos capaces de compartir lo importante? Ese es el reto.
 
padre Juan Manuel Ortiz Palomo