| Domingo 3º del Tiempo Ordinario, Ciclo B. 22 Enero 2012 |
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| Escrito por Padre Luis Pérez Hoyos |
| Lunes, 23 de Enero de 2012 19:20 |
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Mensaje de las lecturas · Primera lectura, (Jon.3, 1- 5; 10),"Y los ninivitas creyeron en Dios". · Segunda lectura, (Icor.7, 27- 31), "El momento es apremiante". · Tercera lectura, (Mc.1, 14-20),"Se ha cumplido el plazo, está cerca el Reino de Dios".
Se ha cumplido el tiempo
Todos sabemos que hay tiempo y «tiempo». Existe un tiempo que es intrascendente, el tiempo que duramos o por el que transcurre nuestra vida sin que nada fundamental imprima a nuestro caminar un sentido. Así, pasamos el tiempo haciendo esto o lo otro, y cada semana repetimos los mismos gestos que se añaden a los anteriores sin que nada cambie. Es el tiempo marcado por el ritmo del reloj. Pero el tiempo interior sigue ausente. Pero también existe el tiempo que significa ruptura con lo anterior y que es culminación de todo lo anterior. Un tiempo que separa lo viejo de lo nuevo, lo falso de lo auténtico. Un tiempo lleno de decisiones y de compromisos. Así solemos decir: «Ha llegado el momento de... Esta es la hora de...», etcétera. Todos comprendemos que en tales momentos lo pasado parece adquirir una fuerza para engendrar algo nuevo, como si el tiempo viejo pariera al tiempo nuevo. Éste parece ser el sentido de la frase con que Marcos inicia el discurso de Jesús: "Ya ha llegado el tiempo": ya estamos en el momento decisivo del parto de lo nuevo, que se introduce en la historia humana como culminación de todo un pasado. Tarde o temprano, cada hombre siente ese anuncio de la Buena Nueva de Dios: hay que nacer de nuevo, acabando con ese antiguo modo de proceder. Y como todo nacimiento, si es fruto del dolor y de un sangriento desprendimiento, también es anuncio gozoso de una nueva vida. Es así como Jesús se presenta trayendo la Feliz Noticia de Dios... Siempre la palabra divina engendra felicidad en el hombre, siempre es puerta de liberación y esperanza, si bien siempre supone total renuncia y desprendimiento de sí. Lo nuevo supone la muerte total de lo viejo... Y cuesta morir a lo viejo que está dentro de cada uno de nosotros. "Está cerca el Reino de Dios..." El tiempo nuevo se caracteriza por la presencia del Reino de Dios. El Reino no es una fuerza política, ni militar, ni social; no es un poder al modo de los hombres. El Reino es el mismo Jesús que está penetrando en el territorio de Galilea, es decir, que se va introduciendo en la comunidad de los llamados. Por ahora el Reino está cerca; cuando se acepte a Jesús con auténtica fe y se viva de acuerdo con su mensaje, entonces el Reino no solamente estará cerca sino «dentro» de cada creyente. Cuando decimos que el mismo Jesús es el Reino de Dios, afirmamos algo de capital importancia. Jesús, paradójicamente, es el «Dios-no-esperado», o sea, el rostro divino tal como nunca lo hubiéramos pensado; un Dios que escandaliza la mente del hombre que espera al Dios del poder y del prestigio social. Es el Dios que rompe el esquema humano y que desorienta a quien no está muy alerta; por eso vendrá la exigencia de la conversión. Cuando Jesús predica la conversión, no se refiere solamente a una disposición espiritual para escuchar la Palabra. Se refiere a algo mucho más trascendente y definitivo. La palabra "conversión" ha de tomarse en su sentido más total: es el cambio de marcha en el camino; es torcer de rumbo, con la conciencia de que esto nuevo que trae Jesús ha de afectar a todas las esferas de la vida: al modo de pensamiento, a los esquemas sociales y políticos, al culto y a la oración, a las relaciones con los hermanos, etcétera. El radical seguimiento de Jesús exige que nos liberemos de nuestra cobardía y de esa falta de confianza en el evangelio. Es posible que hayamos dejado de creer que la "Buena Noticia de Dios" tenga fuerza en el mundo moderno, lleno de tantas ideologías y mesianismos. La página evangélica de hoy, humilde, sencilla, escondida, pero firme y decidida, es una llamada a despertar en la fe. "Creed la Buena Noticia», nos dice Jesús. Démosle un voto de confianza. |
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