| Segundo Domingo de Adviento. Ciclo B. 4-XII-2011 |
|
|
|
| Escrito por Padre Luis Pérez Hoyos |
| Viernes, 02 de Diciembre de 2011 19:00 |
|
Mensaje de las lecturas · Primera lectura, Is. 40,1-5; 9-11: "Que lo torcido se enderece y lo escabroso se iguale". · Segunda lectura, 2 P. 3,8 - 14: "El Señor no tarda en cumplir su promesa". · Tercera lectura, Mc. 1,1-8: "Predicaba para que se convirtieran y se bautizaran".
Es hora de salir del sueño
n este II Domingo de Adviento, tiempo en que nos preparamos para la venida del Mesías, los cristianos estamos invitados a reflexionar sobre el sentido de la esperanza cristiana, siguiendo el consejo de San Pedro, "Esperad y apresurad la venida del Señor". Una reflexión para preguntarnos qué significa, a quién esperamos, cómo esperamos, por qué esperamos. La esperanza cristiana consiste en una actitud vital que nos hace trascender, salir de nosotros mismos para mejorar todo cuanto nos rodea.
l cristiano tiene la esperanza de que el mundo puede cambiar, incluido el corazón humano, sus ideas y sus sentimientos, su libertad. Y todo, porque sabemos a quién esperamos. A Jesús. Él es nuestra única esperanza, que siempre nos ayudará a vivir atentos a nuestro devenir histórico y personal. Sin esperar en Él y sin confiar en Él estamos desnortados y vamos a la deriva. Sólo caminando con Él sabemos que nuestra vida tiene sentido. Sabemos a dónde vamos. Ésa es nuestra esperanza. Pero es muy importante saber cómo hemos de esperar. Nos lo dice el Apóstol San Pablo en su carta a los Romanos: "Ya es hora de levantarnos del sueño, porque ahora ya está más cerca nuestra salvación. Ha pasado la noche, ha llegado el día. Nos está invitando a dejar las obras de las tinieblas y a revestirnos de las armas de la luz. Esperemos al Señor andando como de día. Y ¿por qué esperamos? Porque sin esperanza la vida carece de sentido.
odo se construye sobre la certeza de que, realmente, hay respuesta, hay solución. Hemos de saber que el mundo, el ser humano, todo, puede llegar a cambiar y mejorar. Pero, como nos advierte Jesús, hay que estar en vela, atentos, vigilantes. La vida del cristiano es como la de un centinela. Estar alerta significa vibrar, atender, estar al tanto del acontecer cotidiano. También implica renunciar a la frivolidad y a la indiferencia hacia los demás. Ante un mundo complejo y cambiante, a veces se percibe entre los cristianos cierta apatía y desazón. La tentación de rendirse ante las adversidades y las tendencias contrarias de nuestra sociedad es muy grande. Estar atentos significa no dejarse arrastrar, sino conducir nuestra existencia, prestando atención a todo cuanto sucede. De la misma manera que cuando conducimos un vehículo hemos de estar atentos para evitar colisionar y causar daño, la vida espiritual también debe ser conducida para llegar a su destino feliz. Estar atento significa saber descubrir a Dios en los demás, tener esta clara visión para dilucidar cómo Dios se manifiesta en cada momento de nuestra vida. La mejor manera de prepararnos para ese momento crucial de la venida del Señor es ser capaces de vivir cada día con un profundo sentido cristiano. Dios se manifiesta a cada instante. Nuestro problema es que estamos aquejados de miopía espiritual y no sabemos ver. Para ver a Dios y notar su presencia junto a nosotros hay que ir despacio. La alta velocidad tecnológica nos hace correr más de lo necesario y muchas cosas se nos escapan; es imposible que nos percatemos de ellas yendo tan veloces. El hombre postmoderno va muy deprisa, estresado, cansado; corre sin saber muy bien a dónde y no sabe detenerse
l tiempo de Adviento nos propone parar, interiorizar, mirar dentro de nosotros mismos y descubrir quién somos, dónde estamos, qué hacemos y por qué, qué sentido tiene nuestra vida. Adviento es una llamada a viajar hacia adentro y a sacar la oscuridad de nuestro corazón, para que los destellos del que viene iluminen toda nuestra existencia. |
Deportes
Ver + |
Otras noticias del Deporte
|








































































