| Domingo 33º del Tiempo Ordinario. Ciclo "A". 13-XI-2011 |
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| Escrito por padre Luis Pérez Hoyos |
| Sábado, 12 de Noviembre de 2011 12:49 |
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Mensaje de las lecturas · Primera lectura, (Pr. 31,10-13), "Una mujer hacendosa trae ganancias todos los días de su vida". · Segunda lectura, (1Ts. 5,1-6), "No durmamos como los demás, sino estemos vigilantes". · Tercera lectura, Mt. 25,14-30), "Porque has sido fiel en lo poco, pasa al banquete de tu Señor". No enterremos los dones que Dios nos ha dado
En nuestra sociedadd dominada por el utilitarismo, se da con mucha frecuencia gente que entiende la religión como un sistema de creencias y prácticas que sirven para protegerse contra Dios, pero que no le ayudan a vivir de manera creativa. Y esa forma de concebir la religión conduce a una vida triste y estéril donde lo importante es vivir seguros ante Dios, pero privados de alegría y dinamismo. A esa gente que piensa y actúa de esa manera hay que decirle sin rodeos que en el fondo de esa religión sólo hay miedo. Quien busca protegerse de Dios es que le tiene mucho miedo. Y la persona que tiene miedo a Dios, no le ama, no confía en Él, no disfruta de su misericordia. Sólo le teme y por eso busca en la religión remedio para sus miedos y sus fantasmas. Después de conocer a Jesús, ya no tenemos derecho a entender y vivir así lo religioso. Jesús nos ha enseñado que Dios no es un tirano que atemoriza a los hombres buscando egoístamente su propio interés, sino un Padre que le confía a cada uno el gran regalo de la vida. Por eso, Jesús imagina a sus seguidores no como «observantes piadosos» de una religión, sino como creyentes audaces dispuestos a correr riesgos y superar dificultades para «inventar» una vida más digna y dichosa para todos. Un discípulo de Jesús se siente llamado a todo menos a enterrar su vida, enterrar de manera egoísta y estéril los talentos que Dios le ha confiado generosamente.
El tercer siervo de la parábola, que enterró el denario entregado por su amo, es condenado, no por hacer algo malo sino porque, paralizado por el temor a su Señor, «entierra» los talentos que se le han confiado. El mensaje es claro. A Dios no se le puede devolver la vida diciendo: «Aquí está lo tuyo. La vida que me diste te la devuelvo porque no ha servido para nada». Es un error vivir una vida «religiosamente correcta» sin arriesgarnos a vivir el amor de manera más audaz y más creativa. Dice un autor: Quien sólo busca cuidar su vida, protegerla y defenderla, la echa a perder. Quien no sigue las aspiraciones más nobles de su corazón por miedo a fracasar, ya está fracasando..Quien no toma iniciativa alguna para no equivocarse, ya se está equivocando. Quien sólo se dedica a conservar su virtud y su fe, corre el riesgo de enterrar su vida. Al final, no habremos cometido grandes errores, pero no habremos vivido de verdad La misma persona de Jesús ya es una invitación a vivir intensamente. A lo único que hemos de tener miedo es a vivir siempre con miedo a arriesgarnos, con temor a salirnos de lo «correcto», sin audacia para renovarnos, sin valor para actualizar el evangelio, sin fantasía para inventar el amor cristiano. Jesús es una invitación a vivir intensamente. A lo único que hemos de temer es a vivir siempre con miedo a arriesgarnos, con temor a salirnos de lo «correcto», sin audacia para renovarnos, sin valor para actualizar el evangelio, sin fantasía para inventar el amor cristiano. Quien sólo se dedica a conservar su virtud y su fe, corre el riesgo de enterrar su vida. Al final, no habremos cometido grandes errores, pero no habremos vivido. No enterremos los dones que Dios nos ha dado. Pongámoslos al servicio de los demás y nuestra vida habrá merecido la pena. . Quien no toma iniciativa alguna para no equivocarse, ya se está equivocando. Quien sólo se dedica a conservar su virtud y su fe, corre el riesgo de enterrar su vida. Al final, no habremos cometido grandes errores, pero no habremos vivido de verdad. La misma persona de Jesús ya es una invitación a vivir intensamente. A lo único que hemos de tener miedo es a vivir siempre con miedo a arriesgarnos, con temor a salirnos de lo «correcto», sin audacia para renovarnos, sin valor para actualizar el evangelio, sin fantasía para inventar el amor cristiano. Jesús es una invitación a vivir intensamente. A lo único que hemos de temer es a vivir siempre con miedo a arriesgarnos, con temor a salirnos de lo «correcto», sin audacia para renovarnos, sin valor para actualizar el evangelio, sin fantasía para inventar el amor cristiano. Quien sólo se dedica a conservar su virtud y su fe, corre el riesgo de enterrar su vida. Al final, no habremos cometido grandes errores, pero no habremos vivido. No enterremos los dones que Dios nos ha dado. Pongámoslos al servicio de los demás y nuestra vida habrá merecido la pena.
Después de conocer a Jesús, ya no tenemos derecho a entender y vivir así lo religioso. Jesús nos ha enseñado que Dios no es un tirano que atemoriza a los hombres buscando egoístamente su propio interés, sino un Padre que le confía a cada uno el gran regalo de la vida. Por eso, Jesús imagina a sus seguidores no como «observantes piadosos» de una religión, sino como creyentes audaces dispuestos a correr riesgos y superar dificultades para «inventar» una vida más digna y dichosa para todos. Un discípulo de Jesús se siente llamado a todo menos a enterrar su vida, enterrar de manera egoísta y estéril los talentos que Dios le ha confiado generosamente. -El tercer siervo de la parábola, que enterró el denario entregado por su amo, es condenado, no por hacer algo malo sino porque, paralizado por el temor a su Señor, «entierra» los talentos que se le han confiado. El mensaje es claro. A Dios no se le puede devolver la vida diciendo: «Aquí está lo tuyo. La vida que me diste te la devuelvo porque no ha servido para nada». Es un error vivir una vida «religiosamente correcta» sin arriesgarnos a vivir el amor de manera más audaz y más creativa. Dice un autor: Quien sólo busca cuidar su vida, protegerla y defenderla, la echa a perder. Quien no sigue las aspiraciones más nobles de su corazón por miedo a fracasar, ya está fracasan. Quien no toma iniciativa alguna para no equivocarse, ya se está equivocando. Quien sólo se dedica a conservar su virtud y su fe, corre el riesgo de enterrar su vida. Al final, no habremos cometido grandes errores, pero no habremos vivido de verdad. La misma persona de Jesús ya es una invitación a vivir intensamente. A lo único que hemos de tener miedo es a vivir siempre con miedo a arriesgarnos, con temor a salirnos de lo «correcto», sin audacia para renovarnos, sin valor para actualizar el evangelio, sin fantasía para inventar el amor cristiano. Jesús es una invitación a vivir intensamente. A lo único que hemos de temer es a vivir siempre con miedo a arriesgarnos, con temor a salirnos de lo «correcto», sin audacia para renovarnos, sin valor para actualizar el evangelio, sin fantasía para inventar el amor cristiano. Quien sólo se dedica a conservar su virtud y su fe, corre el riesgo de enterrar su vida. Al final, no habremos cometido grandes errores, pero no habremos vivido. No enterremos los dones que Dios nos ha dado. Pongámoslos al servicio de los demás y nuestra vida habrá merecido la pena. |
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