| Domingo XXXI del Tiempo Ordinario. Ciclo A. 30-X-2011 |
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| Escrito por Padre Luis Pérez Hoyos |
| Viernes, 28 de Octubre de 2011 17:04 |
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Mensaje de las lecturas · Primera lectura, Ml. 1, 14b – 2, 2b, 8-10) "Habéis hecho tropezar a muchos en la ley". · Segunda lectura, (1Ts. 2, 7b - 9. 13) "Deseábamos entregaros no sólo el Evangelio de Dios, sino hasta nuestras propias personas". · Tercera lectura, (Mt. 23, 1-12) "No hacen lo que dicen".
Cumplid lo que ellos os digan, no lo que hacen
Hoy vemos a Jesús desenmascarando la mentira que ha encontrado en su caminar diario, pero no lo ha hecho con agresividad, sino con la denuncia profética. Él no soporta la actuación de aquéllos que «han sentado cátedra» en medio del pueblo para exigir a los demás lo que ellos mismos no viven. Y condena su descarada incoherencia, porque "No hacen lo que dicen». Pero reconozcamos que las palabras de Jesús no han perdido vigencia, ni actualidad. El pueblo sigue escuchando a dirigentes que «no hacen lo que dicen». En nuestra sociedad actual encontramos también defensores del orden cuya vida es desordenada. Proclamadores de justicia actuando al margen de todo lo que es justo. Educadores dedicados a deseducar, a desorientar a los más jóvenes. Reformadores incapaces de reformarse a sí mismos… Y muchos que se apropian el título de socialistas sin abandonar su vida aburguesada, despreocupados totalmente de los más necesitados. Nuestros actuales gobernantes son un perfecto ejemplo, corregido y aumentado, de lo que estamos afirmando. Pero no deberíamos olvidar que la denuncia de Jesús se dirige sobre todo a los dirigentes religiosos. Porque también en nuestra Iglesia hay quienes viven obsesionados por aplicar las normas cristianas con rigor, sin preocuparse ellos mismos de vivir de acuerdo con las exigencias del seguimiento de Jesús. Siempre han surgido entre nosotros los que condenan con rigor desde ciertas cátedras el pecado de los pequeños y débiles, y olvidan escandalosamente las injusticias de los poderosos. Nuestra sociedad no necesita demagogos de palabras altisonantes y declaraciones esperanzadoras sino dirigentes que, con su propia conducta, impulsen una verdadera transformación social. Nuestra Iglesia no necesita tantos moralistas minuciosos y teólogos celosos sino creyentes verdaderos que con su vida irradien un aire fresco, más evangélico. Personas que vivan su fe con autenticidad. Pero al pedirle a la Iglesia esta autocrítica tengamos en cuenta que esa Iglesia la formamos todos nosotros, cada uno con su propia responsabilidad, lo que debe inducirnos a formularnos interrogantes personales. Y que cualquier denuncia de la incoherencia de muchos de sus miembros no minusvalora su doctrina. Jesús no discute la autoridad de aquellos maestros de la ley ni la legitimidad de su enseñanza. Sólo su forma de vivir, su hipocresía. Tampoco invita a la desobediencia. Solamente les advierte para que no imiten su conducta. Además exhorta a tomar en serio sus lecciones: "Cumplid lo que os digan". "Lo que se les echa en cara no es la doctrina, sino su hipocresía, su estilo de vida". Él está contra la hipocresía, contra la incoherencia, cuando advierte: «No hacen lo que dicen. . .» Esta situación es peligrosa porque quien no actúa como piensa acaba pensando como actúa; y termina justificándolo todo. Cuando se actúa así en constante contradicción: se piensa de una forma y se actúa de otra siempre es un comienzo que puede terminar en la esquizofrenia. Convenzámonos pues, hermanos, de que Jesús no vino para enseñarnos una doctrina teológica bien estructurada, sino un estilo de vida que suponga tomar posturas frente a nuestro estilo de vida. Que las gentes nos conozcan por los valores que portamos y expresamos en nuestro vivir cotidiano. Los que formamos la Iglesia estamos llamados a hacer de ella más que una organización perfecta un organismo que tenga vida. De nosotros depende. Jesús nos lo está exigiendo. Respondamos con generosidad. |
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