| Domingo XXVI del Tiempo Ordinario. Ciclo “A”. 25 de septiembre de 2011 |
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| Escrito por Padre Luis Pérez Hoyos |
| Viernes, 23 de Septiembre de 2011 17:35 |
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Mensaje de las lecturas · Primera lectura, (Ez. 18, 25-28), "Cuando el malvado se convierte de su maldad, salva su vida". · Segunda lectura, (Fip. 2, 1-11), "No os encerréis en vuestros intereses, buscad también el interés de los demás". · Tercera lectura, (Mat. 28, 28, 21-32), "Dijo: ‘No quiero ir’, pero después se arrepintió y fue".
El creyente enfoca su vida desde Dios
El SI y el No de los dos hijos de la parábola de este domingo creo que pueden representar lo que nosotros profesamos y después hacemos, la fe y la vida, esas dos realidades frecuentemente y lamentablemente disociadas. Y esto nos ocurre porque no hemos profundizado en la trascendencia de nuestra fe. Su impacto en nuestra vida. Sabemos que para muchísimos creyentes la fe no es nada más que el conjunto de verdades o dogmas que le propone la Iglesia, o bien estar seguros de que más allá de la muerte hay otra vida, o practicar un conjunto de ritos con los que intentan ponerse en comunicación con Dios, con ese Dios en el que dicen creer. No hace mucho escuché en la Tele la respuesta que dio una persona que se autodenominaba católica, cuando le preguntaron si era creyente. "Soy creyente, dijo, pero no practicante", una frase demasiado corta para definir tan profunda ignorancia. Pues practicante es aquél que practica algo y, tratándose de la fe, pues el que tiene fe y la practica. En caso contrario es que no tiene fe. De todas formas todos nosotros tenemos que limpiar y renovar nuestro concepto de practicante, contrastándolo con la vida de Jesús plasmada en los Evangelios. Porque si nos contentamos con el cumplimiento de formalidades externas, adornadas con preciosas oraciones de bello contenido, dirigidas a Dios, pero que se pierden en la distancia, podemos pasar como personas religiosas, pero no como verdaderos hombres de fe. Un hombre de fe es el que plasma en todas las facetas de su vida las exigencias del mensaje cristiano. Un hombre de fe es el que enfoca su matrimonio desde Dios y lo vive con la generosidad, entrega, amor y comprensión que su fe le está pidiendo. Un hombre de fe es el que se compromete en el mundo de los negocios a vivir las exigencias de la justicia y la responsabilidad social de acuerdo con sus postulados de fe. Un hombre de fe es el que participa, si tiene ocasión, en la cosa pública aportando todo el caudal de bondad, rectitud y honradez que le exige el mensaje de Jesús. Un hombre de fe es todo aquel que comprende al hermano, le ayuda en los momentos difíciles. Y nunca lo desprecia ni lo condena, porque se lo exige su vida cristiana. En fin, para tener una descripción perfecta de lo que es un hombre de fe, bastaría con releer ese pequeño trozo de la carta a los filipenses que hemos proclamado en esta celebración, donde San Pablo nos anima a no dejarnos llevar por la envidia, ni por la ostentación, sino por la humildad. No encerrarnos en nuestros propios intereses, sino buscar los de los demás. Teniendo los sentimientos propios de una vida en Jesús. Ahí tenemos el resumen. En la parábola de hoy, el hijo menor dijo sí, pero no fue a trabajar; el mayor, algo díscolo pero generoso, dijo no, pero fue. Lo mismo ocurre en el campo de la fe: lo importante no es lo que se dice, sino lo que se hace. El que termina decidiéndose a trabajar en la viña, como le pide el padre, ése es el que tiene fe. El que se contenta con un sí de mentirijillas, con gestos sin contenido, pero que ni conoce la viña, ni se decide por trabajar en ella, ése ni es practicante, ni tiene fe auténtica. Queridos hermanos: Jesús nos está pidiendo hoy que nos definamos. Que optemos por una de esas dos posturas predominantes en nuestra sociedad. O por la hipocresía, o por la sinceridad; por la apariencia o por la autenticidad; por la falsedad o por la verdad; por el formulismo religioso o por la vivencia de la fe. Son las dos caras de esa moneda corriente que es la conducta humana. Moneda que no debemos lanzar al aire "a lo que salga", sino que hemos de elegir responsablemente por el lado que nos implique en el trabajo de la viña a la que el dueño nos pide que vayamos. Respondamos con un sí generoso, sin regateos. |
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