| Domingo II de Pascua, 1 de mayo de 2011 |
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| Escrito por Padre Luis Pérez Hoyos |
| Viernes, 29 de Abril de 2011 18:45 |
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Mensaje de las lecturas · Primera lectura, (Hch. 2,42-47), "Los creyentes vivían unidos y lo tenían todo en común" · Segunda lectura, (IP. 1,3-9), "No habéis visto a Jesús y ya creéis en Él" · Tercera lectura, (Jn. 20, 19-31" ¿Porque me has visto, has creído?
No tengáis miego, abrid de par en par las puertas a Cristo
"A los ocho días", "El primer día de la semana". Estas referencias dominicales aparecen en el Evangelio para ayudarnos a entender el domingo como el día de la Resurrección, como el día por excelencia de la reunión de la comunidad cristiana, una comunidad resucitada y nueva que vive a la luz de la Pascua. Una comunidad, la Iglesia, todos nosotros, que es testigo del acontecimiento de la Resurrección y que así lo comunica y lo vive. Precisamente de vivir se trata. Jesús ha resucitado y vive para siempre, vive entre nosotros, nos da su vida. La primera lectura, del libro de los Hechos de los Apóstoles, libro pascual por excelencia, nos marca el ideal de vida de toda comunidad cristiana y el estilo que debe marcar la vida de cada uno de nosotros como testigos del resucitado. Hoy es buen día para revisar estos cuatro aspectos que nos subraya esta lectura, como manifestaciones de esa vida nueva que Jesús resucitado nos ha traído: escuchar la enseñanza de los apóstoles, como medio de formación para hacer crecer nuestra vida cristiana; vivir la comunión fraterna, expresada exteriormente en la comunión de bienes y en la total igualdad; la fracción del pan, que hace referencia a la celebración de la Eucaristía cada domingo y la oración, tanto los momentos de oración personal, como los momentos comunitarios en los que nos reunimos en el templo. Formación, comunión, Eucaristía y oración: los cuatro pies sobre los que caminamos como comunidad cristiana. La Pascua es el tiempo para reforzarlos y que nos ayuden a vivir una vida nueva, resucitada. Estos elementos nos ayudarán a sentir más cercana la presencia de Jesús resucitado, como les ocurrió a los Once y, más tarde, a Tomás, que pasó de una actitud incrédula a una actitud de fe. Y es que muchas veces el Señor tiene que hacer verdaderos esfuerzos para "abrir las puertas" que nosotros nos empeñamos en cerrar por miedo, y poder darnos su Espíritu, para que podamos vivir como hermanos entre nosotros y con los demás. Así se notará que creemos en la resurrección y que ha calado en nuestras vidas.
En este domingo, primero de mayo, la Iglesia también celebra la fiesta de San José Obrero, en el Día Internacional del Trabajo. La Iglesia reconoce y valora el testimonio de muchos cristianos que anuncian la Resurrección en el mundo del trabajo, contribuyendo a crear unas condiciones laborales que respeten la dignidad de cada persona. Los cristianos creemos en Jesucristo, que trabajó durante su vida para ganarse el pan, junto a su padre, San José Obrero, y su madre, María de Nazaret, y valoramos por eso el trabajo como fuente de vida, de realización humana y como un medio para construir el Reino de Dios. Como los primeros cristianos, la Iglesia, a través de estos cristianos que se sitúan en el mundo del trabajo, se convierte en comunidad misionera que hace llegar el testimonio de Jesús Resucitado a los ambientes más alejados de la fe, para que se siga haciendo realidad lo que decía la lectura de Hechos de Apóstoles: "Día tras día, el Señor iba agregando al grupo los que se iban salvando". Y donde están estos cristianos evangelizando a través del trabajo, allí también está Jesús Resucitado y la Iglesia "abriendo puertas" y dejando entrar el aire fresco del Espíritu.
También hoy va a tener lugar, en este primero de mayo, la beatificación de Juan Pablo II, un Papa que tuvo un amor grande por los trabajadores y que se hizo cercano a los cristianos que evangelizaban desde esos ambientes con encíclicas como "Laborem exercens", sobre el ejercicio del trabajo humano, de la que en este año celebramos el 30º aniversario. Juan Pablo II murió en la noche del sábado al domingo segundo de Pascua del año 2005 y será beatificado en este mismo segundo domingo de Pascua, 6 años después. En esta clave pascual, viene muy bien recordar sus primeras palabras como Papa en la inauguración de su pontificado, que siguen siendo tan evangélicas y tan necesarias: "No tengáis miedo, abrid de par en par las puertas a Cristo". Aquella noche, y hoy, vemos a Jesús abriendo las puertas de nuestro corazón y queriendo entrar hasta el fondo, para transformar nuestras vidas, para convertirnos en hombres nuevos, resucitados.
Que no caigamos en la tentación de "encerrarnos". Que demos testimonio con nuestra vida de la alegría de Jesús Resucitado, con las puertas bien abiertas para que todos puedan disfrutar de esa Buena Noticia
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