| III Domingo Ordinario. Ciclo A. 23 de enero de 2011 |
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| Escrito por Padre Luis Pérez Hoyos |
| Lunes, 24 de Enero de 2011 17:45 |
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Mensaje de las lecturas
· Primera lectura, (Is. 8,23b; 9,3) "El pueblo vio una gran luz".
· Segunda lectura, (I Cor. 1,10-13; 17) "Poneos de acuerdo y no andéis divididos".
· Tercera lectura, (Mt. 4,12-23) "Así se cumplió lo que ya había dicho Isaías". ¿Está dividido Cristo?
Las palabras descarnadas de Pablo a los Corintios, echándole en cara su división, me dan pie, en pleno Octavario de Oración por la Unión de las Iglesias, para hacer una reflexión sobre el Ecumenismo. El ecumenismo, rectamente entendido, no solamente es un acuciante problema de la convivencia y de la unidad de los fieles cristianos sino también de los habitantes de la tierra y de cada uno de sus rincones, no obstante las diferentes ortodoxias que los separan. Porque es el problema de la tolerancia en una sociedad pluralista, de la coexistencia pacífica, de la colaboración y de la mutua aceptación y, para los que celebramos la eucaristía y compartimos un mismo pan, es el problema de realizar en la vida el amor fraterno que significamos en nuestros ritos y que no se detiene ante los propios enemigos. "¿Está dividido Cristo?" Esta pregunta de san Pablo a los Corintios, que leemos en la liturgia de este domingo, nos presenta, ayer y hoy, el contrasentido de que quienes nos confesamos discípulos del Señor y nos presentamos a los hombres como continuadores de su obra salvadora, estemos divididos o separados. Esta división contradice abiertamente la voluntad de Cristo y es una piedra de escándalo para el mundo y un obstáculo para la causa de la predicación del Evangelio. El propósito de restablecer la unidad de todos los cristianos, como lo reconoce el mismo Concilio, excede las fuerzas y la capacidad humanas, pero todos nos hemos de sentir comprometidos en el esfuerzo ecuménico, "los fieles y los pastores, cada uno según su propio valer, en la vida diaria cristiana y en la búsqueda teológica e histórica". Hemos escuchado cómo el apóstol san Pablo condena severamente las discordias y escisiones que ya se van produciendo en la Iglesia de Dios desde los primeros tiempos, a menudo por personalismos exacerbados: "Yo soy de éste, yo soy de aquél..." Huir de personalismos eclesiales y centrarse más y más en el Cristo, es un buen camino para favorecer la unidad y la comunión. El mismo Pablo quiere ponerse en primer término para hacer ver la contradicción de las actitudes excluyentes en nombre de líderes humanos: "¿Ha muerto Pablo en la cruz por vosotros? ¿Habéis sido bautizados en nombre de Pablo?" La primera exigencia ecuménica es centrarse más y más en Cristo y en el Espíritu. Además, es preciso hacer una Iglesia más fiel a Jesús. En efecto, como escribe Monseñor Torrella, arzobispo de Tarragona y que durante años fue vicepresidente del Secretariado Vaticano para el ecumenismo, "La reforma o renovación de la Iglesia, de la cual ella misma, en cuanto que institución humana y terrenal, tiene necesidad, es de una extraordinaria importancia ecuménica. Podemos afirmar que cuanto más fiel es la Iglesia a la voluntad de Jesucristo, más avanza la causa ecuménica". El ecumenismo, con la gracia de Dios y la colaboración de los cristianos de buena voluntad, ciertamente avanza. Quizás no se producen resultados espectaculares, pero avanza. Por ejemplo, ha mejorado mucho el sentido del respeto mutuo e incluso todo el amor entre los cristianos. Y esto ya es un factor muy positivo con vistas a la evangelización del mundo, a pesar de que no se haya conseguido todavía la plena comunión en la confesión de la fe común, y en la realización de la unidad visible.
Que la celebración del Memorial del Señor nos ayude a avanzar por los caminos del ecumenismo espiritual y del acercamiento de todos en el amor cristiano. Día tras día. |
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