| Domingo IV de Adviento, Ciclo A, 19 de diciembre de 2010 |
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| Escrito por Padre Luis Pérez Hoyos |
| Martes, 21 de Diciembre de 2010 17:21 |
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Mensaje de las lecturas · Primera lectura, (Is. 7,120 -14), "Mirad, la Virgen está encinta". · Segunda lectura, (Rm. 1,1-7), "A todos los de Roma, a quienes Dios ama y ha llamado a formar parte de su pueblo santo". · Tercera lectura, (Mt.1, 18-24), "Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel (que significa: «Dios-con-nosotros»).
Jesús viene y se hace Dios con nosotros
Dentro de esta semana cuarta de Adviento vamos a celebrar el gran acontecimiento de la Navidad. Acabamos de oír la respuesta de Dios al clamor del pueblo escogido pidiendo la venida del Mesías: "Se llamará Emmanuel: Dios con nosotros". También en nuestro mundo actual se puede palpar el deseo de que alguien nos salve; no hay seguridad de quién pueda ser ese salvador, ni cómo se ha de encauzar nuestra salvación, lo mismo que no acertamos a vivir en paz, a vivir respetándonos mutuamente. Perdemos mucho tiempo lamentándonos de que se ha perdido el sentido de la Navidad, condenando el consumismo y diciendo que la celebración festiva de estos días se fundamentaba en una alegría falsa. Pero sería mucho más positivo que nos dedicásemos a descubrir y a vivir el gozoso anuncio de que Dios está con nosotros, a tener cada día más claro lo que la cercanía de Dios representa en nuestras vidas. Que Dios está con nosotros no es un cuento navideño para los que se acercan a ver un portal de Belén, ni siquiera un sentimiento más o menos idílico que podamos tener; es toda una realidad: Dios está con nosotros aquí, a pesar de nuestros olvidos, a pesar de nuestros egoísmos personales y colectivos. Él viene porque quiere cambiar el sentido de este mundo, quiere actuar en nuestra personal historia. Y eso es lo que en definitiva ha de estimularnos a una ilusionante preparación para recibirle en Navidad. Ésta es la gran noticia de la Navidad, que Jesús nos muestra al Padre para que le conozcamos mejor. Viene a decirnos lo que Dios está esperando de nosotros, así sabremos cómo hay que vivir. Viene a ofrecernos el perdón de Dios. Detengámonos durante unos momentos, en estos días, en silencio ante Él y acojamos desde el fondo de nuestro ser toda la cercanía y la ternura de Dios, y quizás lleguemos a comprender por qué el corazón de un creyente debe sentirse seguro y estar rebosante de alegría en estos días de Navidad. Él nos trae con su nacimiento esta seguridad y esta paz interior, no comparable con ninguna otra seguridad y ninguna otra paz que pudiéramos tener. Podemos todos recibirla en esta Navidad. Emmanuel, significa que Dios está con nosotros, que ha venido a nuestra casa para comunicarnos la maravillosa noticia de nuestra salvación. Sabiendo que Dios está con nosotros y es nuestro Padre, es mucho más fácil llevarnos todos como hermanos, llegar al convencimiento de que nuestros esfuerzos por la paz y por la justicia no se pierden en la nada, en el sueño de un hipotético futuro mejor, sino que han de cuajar, cristalizar en gozosa realidad. Sabiendo que Dios está con nosotros y es nuestro Padre, sabemos que no estamos solos, que Dios no es un ser distante e indiferente, sino que está comprometido con nosotros, está inmerso en nuestro vivir, lucha con nosotros, sufre con nosotros, se alegra con nuestros éxitos, llena nuestra soledad y colma nuestras esperanzas. Hermanos: la Eucaristía es la Navidad porque en ella Jesús viene y se hace Dios con nosotros. Que la Eucaristía sea Dios que nace cada día en nuestras vidas.
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