| Fiesta de Santiago Apóstol, 25 de julio de 2010 |
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| Escrito por Padre Luis Pérez Hoyos |
| Viernes, 23 de Julio de 2010 18:47 |
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Mensaje de las lecturas · Primera lectura, (Hechos 4,33. 5,12), "Hay, que obedecer a Dios antes que a los hombres". · Segunda lectura, (Corintios 4,7-15.), "En toda ocasión y por todas partes llevamos en el cuerpo la muerte". · Tercera lectura, (Mateo 20,20-28), "¿Sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber?
Patrón de España
Al celebrar la festividad del Apóstol Santiago yo creo que en lugar de afirmar que él siempre ha sido el Patrono y modelo de la fe del pueblo cristiano de España, tendríamos que interrogarnos si de verdad sigue siendo verdadero Patrón de esta tierra, España, donde últimamente nos estamos empeñando en tomar decisiones y promulgar leyes que nada tienen que ver con aquella Buena Nueva que el hijo del Zebedeo nos trajo en nombre de Jesús. Ciertamente todos, incluidos los cristianos agazapados, hoy también, la figura de Santiago se sigue considerando como camino y brújula para saber por dónde hemos de transitar y por dónde no hemos de adentrarnos para llamarnos seguidores de Jesús. Santiago Apóstol, desde el momento en que descubrió a Jesús, no lo tuvo fácil. Fue el primero en sellar y demostrar, con su sangre, que su fe no era fruto de un primer calentón o algo inmaduro. Su fidelidad a Jesús Maestro le llevó, además, a ser el primer heraldo cristiano en la geografía hispana. Hoy nosotros tendríamos que preguntarnos si nos interesa la gran figura de Santiago, si valoramos el gran tesoro que nos trajo en sus manos, si sólo nos contentamos con contemplar el aleteo emocionante del botafumeiro, mientras permitimos que la semilla de la fe cristiana que él nos regaló se vaya esfumando por un arrollador viento secularizador y laicista, si estamos convencidos de aquello que creemos y profesamos o somos simples bautizados. Son interpelaciones que no nos pueden llevar a un pesimismo inactivo sino, por el contrario, a un nuevo impulso y afán evangelizador. Han pasado ya los tiempos donde se presuponía que todo era automáticamente cristiano. Ante ello no nos cabe otra opción que, mirando de nuevo a la figura de Santiago, recoger su espíritu evangelizador, su entrega a la misión. El gran enemigo de la evangelización es, precisamente, el intentar recluir la fe a la vida privada, al foro íntimo. Pero tenemos que estar con los pies en la tierra. Sabemos que han cambiado las circunstancias y que no podemos sacralizarlo todo, pero tampoco podemos permitir, ni quedar impasibles, ante la cultura dominante del escarnio y la burla, sobre todo en los medios de comunicación, de los sentimientos religiosos por parte de un gran grupo de ciudadanos, a veces animados por nuestros mismos gobernantes. Si Santiago volviese de nuevo a nuestra Patria, seguramente les haría ver a los que mandan que el auténtico tesoro no está en el poder sino en el servir, en el respeto y no en la confrontación, en los valores auténticos y no en valores a la carta, diseñados caprichosamente, en la historia, leída íntegra y verazmente y no en esa memoria histórica portadora y renovadora de antiguos odios y nuevos resentimientos, fruto de un servilismo peligroso o un malentendido progresismo. La acogida del evangelio, hoy y siempre, sigue suscitando reacciones contrarias. A Santiago le costó la vida. España, que le conoció y escuchó su mensaje, lo asumió con fe y lo convirtió en la inspiración principal de su cultura, de su modo de ser y de su alma popular. Pero nunca faltarán, en los ambientes intelectuales, culturales y políticos, los que se opongan al mensaje cristiano predicado por nuestro Santo Patrón. Pidamos a Santiago la fuerza necesaria, que viene de Dios, para seguir proponiendo el mensaje de Jesús a la complicada sociedad de hoy. |
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