| Domingo XV del Tiempo Ordinario, Ciclo C, 11 de julio de 2010 |
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| Escrito por Padre Luis Pérez Hoyos |
| Viernes, 09 de Julio de 2010 16:39 |
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Mensaje de las lecturas · Primera lectura, (Dt. 30,10-14), "El mandamiento está muy cerca de ti: en tu corazón y en tu boca. · Segunda lectura, (Col.1, 15-20), "Y por él quiso reconciliar consigo todos los seres". · Tercera lectura, (Lc.10, 25-37), « ¿Y quién es mi prójimo?»
Ve y haz tú lo mismo
Dice el Evangelio de hoy, el del Buen Samaritano, que el sacerdote, el profesional del culto y el levita, el entendido en leyes, dieron un rodeo, para no comprometerse. Pero no nos escandalicemos, hicieron lo que a veces hacemos nosotros para evitar a quienes nos resultan molestos o incómodos. ¡Cómo apresuramos el paso para no dejarnos alcanzar por quienes nos agobian con sus problemas, penas y sinsabores! Se diría que vivimos en guardia permanente ante todo aquél que puede ser un peligro en potencia para nuestra tranquilidad. Y cuando no encontramos otra manera mejor de justificar nuestra evasión ante los problemas y sufrimientos de hermanos que nos necesitan, siempre podemos recurrir a aquello de que «estamos muy ocupados». Estar ocupados, activos, en movimiento constante, se ha convertido en algo que casi forma parte de nuestro mismo ser. Algo que nos encierra en nuestro pequeño mundo de preocupaciones y bloquea e impide nuestra relación amistosa y fraterna con quienes vamos encontrando en el camino de la vida. ¡Qué actualidad cobra la «parábola del samaritano» en esta sociedad de personas que corren cada uno a sus ocupaciones, se agitan tras sus propios intereses y gritan cada uno sus propias reivindicaciones! Pero, según Jesús, sólo hay una manera de «tener vida». Y no es la del sacerdote y el levita que ven al necesitado y «dan un rodeo» para seguir su camino, sino la del samaritano que camina por la vida con los ojos y el corazón bien abiertos para detenerse ante quien puede necesitar su cercanía. Escuchando atentamente lo que hoy nos ha dicho Jesús, comprenderemos que se nos está llamando a pasar de la hostilidad a la hospitalidad; así sabremos que se nos está incitando a vivir de otra manera, creando en nuestra vida y en nuestro corazón un espacio más amplio para aquéllos que más nos necesitan. Así nos enteraremos de que no podemos escondernos detrás de «nuestras ocupaciones» ni refugiarnos en hermosas teorías. Se ama a la humanidad cuando se ama a los hombres concretos que caminan a nuestro lado. Quien ha comprendido la fraternidad cristiana, sabe que todos somos «compañeros de viaje» que compartimos una misma condición de fragilidad humana y nos necesitamos unos a otros. Quien ha comprendido esto y vive atento a todo ser amenazado que encuentra en su camino, es un hombre que encuentra un gusto nuevo a la vida. Es una persona que «heredará vida eterna».
La noción de prójimo proclamada por Jesús en su respuesta al doctor de la Ley conduce a la fraternidad universal, a la justicia y a la reconciliación. Hacernos prójimos del necesitado es la exigencia que nos plantea la interpretación que el mismo Jesús da al segundo mandamiento de la Ley. Esta exigencia está dirigida para cada uno de nosotros. Por eso nos ha dicho tajantemente: «Vete y haz tú lo mismo».
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