| Santísima Trinidad, 30 de mayo de 2010 |
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| Escrito por Padre Luis Pérez Hoyos |
| Viernes, 28 de Mayo de 2010 17:31 |
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Mensaje de las lecturas · Primera lectura, (Pr. 8, 22-31), "Al comienzo de sus obras antiquísimas, yo estaba junto a Él". · Segunda lectura, (Rm. 5, 1-5), "El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones con el Espíritu que se nos ha dado". · Tercera lectura, (Jn. 16, 12-15), "Cuando venga el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena.
Dios es amor
Muchas veces hemos escuchado esta afirmación. Es una frase que nos brinda la perspectiva exacta para contemplar el misterio trinitario: Dios Padre nunca ha vivido en una soledad insondable, ensimismado en su infinita perfección, sino que siempre ha estado vuelto, referido, ofrendado hacia el Hijo y el Espíritu. Dios Padre es amor; por consiguiente es entrega, es donación, es puro gesto de amor al Hijo y al Espíritu. Por tanto, Dios no es un ser triste y solitario, sino que vive siempre en relación desbordante, misteriosa. Dios es como una fiesta que nunca acaba. Una celebración apasionada. Dios es fecundidad infinita, creatividad exuberante. Dios está siempre amando. La creación es para Él como un esparcimiento del amor a su Hijo, a sus hijos. Ama infinitamente a su Hijo y a sus hijos. Habla con su Hijo y con sus hijos. Dios es diálogo y amor. Claro que todo lo que digamos de Dios será siempre una expresión relativa, que lo define mejor por lo que no es que por lo que es. Pero podemos seguir diciendo que Dios es la compasión infinita, el perdón incondicional, el torrente de lágrimas misericordiosas, que siempre tiene los ojos puestos en los más necesitados y despreciados. Que no hay dolor que Él no sienta, ni necesidad que no remedie. Aunque son muchas las cosas que ignoramos sobre Dios, porque están fuera de nuestro alcance mental, sí entendemos muy bien todo lo que Jesús de Él nos ha revelado. En este día solemne de la Trinidad estaría bien que nos preguntáramos "en qué Dios creemos". Es importante saberlo, porque "cada uno es lo que adora". Queremos ser como el Dios que adoramos. Cuando uno tiene un ídolo, siempre trata de imitarlo, de ser como él. El dios que adora hoy la mayoría de la gente es el dinero y el consumo, convirtiéndose en devotos consumistas. Nosotros creemos en un Dios todo corazón, un Dios compasivo y misericordioso. Lluvia de caricias, de dones y gracias. Un Dios amor. Nosotros creemos en un Dios-Padre, fuente de vida, generosidad desbordante. Nos lo da todo. Nos crea con capacidad de crear. Nosotros creemos en un Dios-Hijo, su palabra y su encanto, diálogo permanente, comunicación plena, entrega total. Nosotros creemos en un Dios-Espíritu, chispazo de unión, abrazo vivo, comunión profunda, la flor del Amor, el Amor del Amor. Si las "dimensiones" divinas son la donación, la comunicación y la comunión, seguro que también nosotros estamos hechos para el encuentro y la comunidad, para el diálogo y la comunicación, para la unión y el amor. Donación: Aprendamos a dar y a darnos, a compartir bienes y talentos, a vivir en solidaridad. Aprendamos a abrir la mano y el corazón. Comunicación: La sociedad humana, desde la familia a las más grandes organizaciones internacionales, se construye con la fuerza de la palabra. Pero una palabra compartida. Hablamos mucho, pero vivimos aislados. Demasiados. La palabra que viene de Dios es generosa, altruista, respetuosa, humilde, compartida, entregada. Comunión: El hombre se realiza en la medida que se relaciona. En lo más íntimo de la persona hay un dinamismo de apertura y comunión. Las personas y los pueblos crecen cuando se unen. Mensaje de esta Fiesta Trinitaria: Sal de ti para ir al otro, superando toda cerrazón y distancia. Siéntate en la mesa del diálogo para compartir y enriquecerte. Da con generosidad, comparte lo que tienes, vive en solidaridad. |
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