| A propósito de San Lorenzo |
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| Escrito por Padre Antonio Ramos Ayala |
| Viernes, 04 de Febrero de 2011 17:30 |
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Esta semana me gustaría hablaros de un gran Mártir. Curiosamente es más conocido por una leyenda que dice que en medio del martirio, cuando era asado en una parrilla, exclamó "Dadme la vuelta, que por este lado ya estoy hecho", que por su entrega a la Iglesia de Roma a la que sirvió como diácono. Pero no es de la anécdota de lo que me gustaría hablar, sino más bien de dos aspectos de su vida que podrían ayudarnos. En primer lugar, San Lorenzo fue uno de los siete diáconos de la Iglesia de Roma. Su tarea consistía en el cuidado de los bienes de la Iglesia y la distribución de las limosnas a los más pobres. Fue realmente digno de alabanza el generoso servicio que prestó a la Iglesia de Roma en el ámbito de la caridad, marcando el camino a todos los miembros de la comunidad cristiana: estamos llamados a vivir algo tan central en el mensaje de Jesús como es el amor fraterno y la solidaridad con los que más sufren. Y hablando de la caridad para con los más pobres, no se trata solamente de dar, sino de darse como el mismo Jesucristo nos enseñó. Nos decía el Siervo de Dios Juan Pablo II: "Pertenece a la enseñanza y a la praxis más antigua de la Iglesia la convicción de que ella misma, sus ministros y cada uno de sus miembros, están llamados a aliviar la miseria de los que sufren cerca o lejos, no sólo con lo superfluo, sino con lo necesario". Este valor evangélico de la caridad, tan esencial en la vida cristiana y en la vida de toda la Iglesia, debe aplicarse y ampliarse a las nuevas situaciones de injusticia, a los nuevos grupos de marginados que han surgido en nuestros pueblos a la sombra de un desarrollo económico consumista e insolidario. Los sentimientos que tuvo Jesús, son los sentimientos que deben inspirar nuestras acciones y compromisos en los problemas de la vida y en el orden social y no nuestros intereses personales o partidistas. En segundo lugar, san Lorenzo destacó por su fidelidad a la Iglesia en la persona del Papa Sixto II. Él fue un hombre con un gran amor por el Papa y por la Iglesia. Todos los católicos debemos demostrar un amor entrañable por el Papa y por la Iglesia. No es real ni válida la frase: "Cristo sí, Iglesia no". Ésta es una postura que elude el compromiso, que se instala en la comodidad para justificar intereses personales. Todos somos Iglesia y a todos nos llama el Señor para ser instrumentos, con el ejemplo y la palabra, de esa corriente de gracia que hay en la Iglesia y que le viene de Dios. Yo soy Iglesia y mi falta de testimonio es también falta de testimonio de la Iglesia. Hay que decirlo con claridad, un bautizado católico que vaya a lo suyo, manifestando permanentemente su desafecto por la Iglesia, no es cierto que ame a Jesús. Hoy necesitamos bautizados que amen y valoren de verdad a la Iglesia, como Cristo la amó, que se entregó por ella. Es la mejor manera de empezar a cambiar aquello que vemos en ella que desfigura el verdadero rostro de Dios. |
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