| A propósito de las ondas de radio |
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| Escrito por Padre Antonio Ramos Ayala |
| Lunes, 17 de Enero de 2011 17:26 |
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Me pasa frecuentemente que, al hacer la limpieza semanal de la casa en donde vivo, me mueven sin querer el dial de mi radio. Quiero, como todas los días, escuchar las noticias mañaneras y es un verdadero problema volver a encontrar mi emisora preferida. Yo no entiendo mucho de electrónica, soy un neófito, por no decir ignorante en este aspecto; lo poco que sé sobre el tema, muy básico, es que el receptor o aparato de radio debe estar conectado a la corriente eléctrica y en sintonía con el emisor o emisora de radio. Más allá de esto me pierdo… aunque no estaría de más darme el tiempo necesario para realizar algún curso, aunque sea por correspondencia, por aquello del "saber no ocupa sitio". Con Dios pasa exactamente igual que con las ondas de mi radio: si deseo escuchar bien su mensaje tengo que estar en sintonía con Él, de lo contrario, es imposible entablar una verdadera y fructífera comunicación. En muchas ocasiones he encontrado personas que me trasmiten su queja: dicen que Dios no les escucha, o ellos no llegan a escuchar la voz de Dios. Yo no creo que Dios tenga un defecto de comunicación, pues Él desde el comienzo de la Historia siempre ha estado emitiendo mensajes de amor al hombre, aun cuando éste no estuviese en sintonía. Así nos lo dice la Escritura: "En distintas ocasiones y de muchas maneras habló Dios antiguamente a nuestros padres por los profetas. Ahora, en esta etapa final, nos ha hablado por el Hijo". (Hb 1, 1-6). El problema no es Dios, somos los hombres que no buscamos los tiempos y espacios necesarios para la comunicación con Él. El hombre que ha perdido el camino de la soledad y el silencio que conducen a Dios. El hombre que ya no sabe escuchar los sonidos del silencio. El hombre que no distingue ya entre el escuchar y el oír, pues no es lo mismo, escuchar que oír. Escuchar es estar atentos, empapados de silencio y de sosiego interior; escuchar desde la contemplación del misterio que se pretende vislumbrar. Escuchar con el corazón. Ser capaces de descubrir en nosotros un corazón que escucha. Escuchar desde el alma dejando a un lado los ruidos.
Podemos estar seguros: Dios siempre nos hará llegar sus ondas, aunque estemos "fuera de cobertura". No desaprovechemos la ocasión para mantener con Él una amorosa y profunda comunicación diaria. Seremos los primeros beneficiados. Para que esto sea posible permanezcamos conectados a su corriente, que fluye a través de la Iglesia. Pongamos nuestro corazón sintonizado con el suyo. No perdamos nunca la sintonía. Acojamos su palabra que ha resonado desde el origen del mundo y seguirá resonando hasta el final de la Historia. |
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