| A propósito de la Sagrada Familia |
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| Escrito por Padre Antonio Ramos Ayala |
| Martes, 21 de Diciembre de 2010 17:22 |
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En nuestra cultura sigue vivo, gracias a Dios, el sentido cristiano y familiar de la Navidad: en Navidad los cristianos celebramos que Jesucristo, hijo de Dios vino a nosotros a través de una familia: la Sagrada Familia. Y seguimos celebrándolo a pesar del consumismo y las manipulaciones del laicismo imperante, que desean ardientemente hacer desaparecer el recuerdo actualizado de tal acontecimiento. En estas fiestas decembrinas encontramos los creyentes hermosos momentos para acoger a Dios que viene y para renovar nuestros compromisos familiares. Por ello es bueno que no perdamos el camino espiritual que nos conduce hasta Belén. Muchos de vosotros habréis tenido ocasión de poder reuniros en familia en torno a la mesa festiva de Navidad; otros, quizás, lo haréis en fin de año o para Reyes. Seguramente en estos días sentiremos más aún la ausencia de quienes se fueron definitivamente de este mundo pero, como diría san Agustín: "Aquéllos que nos han dejado no están ausentes, sino invisibles. Tienen sus ojos llenos de gloria, fijos en los nuestros, llenos de lágrimas". Es cierto que todos los días del año son ocasión para reunirnos y acercar nuestros lazos afectivos, pero este tiempo Navideño que se acerca es ocasión más que apropiada para cuidar nuestras relaciones y querencias familiares. Hermoso será que celebremos el amor de Dios por el hombre y el cariño entrañable que hemos de sentir por toda nuestra familia. A ello nos motiva un Niño envuelto en pañales bajo el amparo dulce y tierno de María y José. Aprovechemos estos días próximos de Navidad, y fin o comienzo de año, para compartir juntos la fe; para vivir gozosas y afectivas reuniones familiares; para perdonar y olvidar posibles rencillas y enfrentamientos del pasado; para obsequiarnos unos a otros con lo más valioso, con lo que no se puede comprar ni vender, con una familia que se ama y respeta a pesar de las posibles diferencias. El icono más perfecto para todo ello lo encontraremos en la Santa Familia de Nazaret. Ellos tuvieron a Dios como el don más supremo que el hombre pueda encontrar en su existir. Ellos se amaban sin límites, se ayudaban sin límites, se responsabilizaban sin límites, se respetaban sin límites, se conocían sin límites.
Desde esta página de "El Sol de Antequera" os invito a hacer un buen regalo Navideño: regalemos nuestra fe en Cristo que nos exige de continuo renovarnos en el perdón y la concordia. Obsequiemos a nuestra familia y amigos con nuestra escucha atenta y nuestro respeto. Manifestemos nuestro cariño dando de lado a la lista de regalos y el consumo insolidario que nos distraen del don más grande de la Navidad: Jesús, el mejor amigo del hombre. Él es el motivo principal y primero de nuestras reuniones Navideñas. |
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