| A propósito de la riqueza de la Iglesia |
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| Escrito por Padre Antonio Ramos Ayala |
| Viernes, 22 de Octubre de 2010 17:05 |
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Con frecuencia se oyen comentarios críticos contra la Iglesia católica a causa de sus supuestas riquezas. Hay que decir que, aunque muchas veces agrias y mal intencionadas, estas críticas nos vienen bien, ya que nos ayudan a revisarnos. Vistos de manera positiva, estos comentarios sin mucho fundamento ni veracidad, ayudan a que nuestra Iglesia sea cada día más fiel a su vocación: siendo más santa, austera, pobre y solidaria. Pero hay que desmitificar también esta idea. Es cierto que la Iglesia posee un gran patrimonio, que evidentemente, no está dedicado a una rentabilidad económica o lucrativa, sino al servicio de la vida espiritual, religiosa y social de quien quiera utilizarlo. La Iglesia católica es depositaria de unos bienes que en su gran mayoría pertenecen al patrimonio cultural de nuestros pueblos y ciudades y del que se benefician todos cuantos quieren. Los grandes beneficiarios de este patrimonio son ante todo las empresas de ámbito turístico, hostelería y comercio. ¿Qué sería del Turismo en muchos de nuestros pueblos y ciudades sin este patrimonio religioso y cultural? Sólo hace falta un poco de buena voluntad para comprender y justificar la vida económica de la Iglesia católica. Nuestras parroquias viven en su mayor parte de las libres aportaciones de los fieles. Nuestros gastos ordinarios son discretos y comprenden las modestas nóminas del sacerdote y del personal, los pequeños gastos del culto, el mantenimiento de los edificios y las instalaciones, junto con lo necesario para el ejercicio de la caridad con los pobres que es esencial a la vida de las comunidades cristianas. Por una parte es admirable y digna de gratitud la generosidad de muchos fieles para con su Iglesia. Por otra es necesario que muchos otros católicos conozcan mejor la vida interna de su Iglesia y crezca en ellos la estima, la gratitud y la corresponsabilidad en su sostenimiento. Todos los católicos debemos tener muy claro, en los tiempos que vivimos, que hemos de mantener la vida y las actividades de nuestra Iglesia. Esto no sólo a través de nuestras aportaciones económicas, sino también con nuestra contribución personal en forma de voluntariado.
Es evidente que ni el dinero ni los bienes materiales son lo más importante en la Iglesia católica. Todos tenemos que tener muy claro que las verdaderas riquezas de la Iglesia son la fe, la vida espiritual y las obras de misericordia de cada uno de los católicos. La verdadera riqueza de la Iglesia es la presencia salvadora del Señor Jesucristo que sigue nutriéndonos y fortaleciéndonos a través de sus Sacramentos en la Iglesia; la vida de santidad de muchos católicos anónimos que dan su vida diariamente por los hermanos; el amor de Dios Padre que se ofrece al mundo y al hombre de hoy, tan necesitado de bienes más allá del espacio temporal. Por curiosidad: no sé si sabían ustedes que todas las Diócesis de España publican sus cuentas anualmente en sus boletines oficiales. También en nuestras Parroquias las cuentas mensuales están puestas a la vista de todos en el tablón de anuncios y están a disposición de quienes lo deseen. La mayoría de las Parroquias cuentan con un contable que es quien lleva la contabilidad e informa de ello a los fieles a través del resumen mensual económico. Y para terminar dos datos interesantes que muchos desconocen. Primero: ¿cuál es la asignación mensual de un Obispo y de un sacerdote en nuestro país? La asignación mensual de un obispo está en torno a los 1.000 euros mensuales. La gran mayoría de los sacerdotes perciben 850 euros mensuales. Nóminas que perciben de los fondos de sus respectivas Diócesis y no del Estado como algunos erróneamente siguen pensando. Segundo: los Obispos y los sacerdotes cotizan en España a la Seguridad Social por la base mínima y no tienen derecho a las coberturas ordinarias de baja laboral o desempleo. La gran mayoría de los sacerdotes jubilados reciben del Estado la pensión mínima. |
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