| A propósito de la Virgen María |
|
|
|
| Escrito por Padre Antonio Ramos Ayala |
| Viernes, 03 de Septiembre de 2010 17:05 |
|
Hace unos días me invitaron a predicar la novena de una ciudad con gran arraigo mariano. Me desplacé hasta el lugar días antes de mi predicación y pude constatar con cierta tristeza la división y casi el enfrentamiento que entre personas y familias de la mencionada ciudad existía. Una gran mayoría manifestaba un afecto, que rozaba el fanatismo, al referirse a su devoción particular. Hablaban de la Virgen María con un tono, que aunque en el fondo preñado de cariño, en la forma y el estilo estaba muy lejos de ser el adecuado para referirse a la Madre de Dios, tan entrañablemente querida para un buen católico. Y es que en muchas ocasiones desde un catolicismo popular mal entendido nos referimos a María como si nos refiriésemos a un club social o a un determinado equipo de fútbol. ¡Quién no escuchó alguna vez en tono aferrado o porfiante: "Yo soy del Rocío, yo soy de la Macarena, yo de la Virgen de Gracia, yo del Carmen"…! Pensé entonces en la carta del apóstol Pablo a los cristianos de Corinto: "¿Acaso está dividido Cristo?" ¿Acaso está dividida la Santísima Virgen María? Nuestra Señora, al pie de la Cruz, estaba unida íntimamente a su Hijo, corredimiendo con Él y acogiendo maternalmente el nacimiento de la Iglesia. Nuestra Madre del Cielo estuvo siempre unida a su Hijo, como ninguna criatura lo ha estado ni lo estará jamás. Y si de verdad amamos a María Santísima, hacia aquí es hacia donde debemos caminar los católicos: hacia nuestra plena comunión personal con Cristo, con el prójimo y con su Iglesia. En Pentecostés, en torno a María, permanecen unidos quienes recibirán el Espíritu Santo. Pedro constituye la unidad interna de la Iglesia. María creaba una atmósfera de caridad, de solidaridad, de unánime conformidad. Ella era la mejor colaboradora de los Apóstoles en la vivencia de la unidad deseada por Cristo. María, por su divina maternidad, es Madre de la Iglesia desde sus comienzos. Todos formamos un solo Cuerpo que es la Iglesia. Un cuerpo que ha de permanecer unido desde su diversidad. ¿Qué madre va a permitir que sus hijos se separen y se alejen por su causa? A María le duele que su recuerdo sirva en ocasiones de desencuentro entre sus hijos. María es una única realidad personal. No hay más Virgen María que la que es Madre de nuestro Señor Jesucristo. Sólo una es la Madre del Dios vivo y verdadero, a la que nosotros nos podemos acercar, por gracia de Dios, desde una advocación y devoción poliédrica. ¡Qué hermoso es poder contemplar a la misma y única Virgen María desde distintas advocaciones, pero teniendo siempre muy claro, que por encima de nuestras advocaciones y devociones particulares ha de aparecer siempre, y por encima de todo particularismo, la Madre de Dios! Quien en la Iglesia no entienda esta verdad, entendió muy poco sobre la Virgen María. |
Deportes
Ver + |
Otras noticias del Deporte
|























































