· Primera lectura: 
Hechos 9, 26-31
· Salmo responsorial: 
Salmos, 21. “El Señor es mi alabanza en la gran asamblea”.
· Segunda lectura: 
Primera Juan 3, 18-24.
· Evangelio: Evangelio: Juan 15, 1-8.
El agua está presente en la Biblia en diferentes ocasiones y con significados distintos. El Diluvio Universal es una de estas apariciones. El relato del Génesis tiene mucho parecido con el que se halla en la primitiva literatura mesopotámica. En ambos, la razón de la catástrofe natural es la maldad del hombre, sólo se salva una persona o familia elegida por la divinidad y concluyen con una alianza. Lógicamente, en el Génesis la divinidad es el único Dios verdadero, no el elenco politeísta de los babilonios.
 
 Ante la violencia y la maldad que proliferan entre los hombres,  Yahvé se siente decepcionado y decide, como castigo, exterminar la vida sobre  la Tierra. Por lo tanto, la inundación tiene un carácter universal. Sin embargo, debemos entender que quedó limitada a la zona mesopotámica. El Todopoderoso, sin embargo, salva a Noé, por ser un hombre justo. Le ordena que construya un arca, en el que se refugiarán él, su familia y al menos una pareja de todos los animales. De esta forma, una vez cesado el diluvio y seca la tierra, la vida continuará en el planeta. Vemos un nuevo comienzo de la humanidad, descendiente íntegramente de Noé.
 
Llama la atención que lloviese cuarenta días y cuarenta noches. El número cuarenta, junto con el siete o el tres, es uno de los guarismos simbólicos bíblicos. Así, cuarenta fueron los años que Israel peregrinó por el desierto y los días que Moisés permaneció en el Monte Sinaí, que Jesucristo ayunó en el desierto y que dura la Cuaresma.
 
Cesan las lluvias, la tierra se seca y el patriarca sale del arca con su familia y las parejas de animales. Tienen el mandato divino de ser fecundos y repoblar la Tierra. Noé construye un altar y hace una ofrenda a Yahvé. Este, entonces, bendice a él y a sus hijos, y pone a disposición de ellos la Tierra y todo lo que tiene. Digamos que el hombre es restaurado en su condición original de cumbre de la Creación. Pero las circunstancias ya nunca volverán a ser las iniciales del Edén: los hombres lucharán entre sí y contra los animales, sin que haya paz hasta el fin de los tiempos.

Dios establece una alianza con el patriarca, su descendencia y todos los animales, que consiste en que en el futuro nunca más mandará un diluvio para exterminar la vida. A diferencia de la posterior alianza entre Dios y Abraham, que se limitará a éste y su descendencia, y cuya señal será la circuncisión, esta alianza abarca a todo ser vivo. La señal es el  multicolor arco iris, que Yahvé pone en el cielo nublado. Cuando hay nubes, se hace visible este arco y Dios recuerda su alianza con toda criatura viva, impidiendo que se produzca otro diluvio exterminador. 
Por último, querría señalar que el relato del diluvio dota de una explicación religiosa a dos fenómenos naturales: las grandes  lluvias que ocurrieron en Mesopotamia hace varios miles de años y el espectacular arco iris.
En aquel tiempo, dijo Jesús: «Yo soy el Buen Pastor. El buen pastor da su vida por las ovejas» (Jn. 10, 11). Así comienza el Evangelio del IV Domingo de Pascua. Quiere la Iglesia dedicar este día a la figura del Buen Pastor. Una imagen con mucha resonancia histórica, pues será una de las primeras pinturas que tendremos de Jesús así simbolizado en las catacumbas y sarcófagos. 
· Primera lectura: 
Hch., 3, 13-15.17-19: “Arrepentíos 
y convertíos…”
· Salmo responsorial: 
Salmo 4, 2.7.9.: “Haz brillar, sobre nosotros, 
tu rostro…”
· Segunda lectura: 
Jn 2, 1-5: “Quien guarda  su palabra… el amor 
a Dios ha llegado a él”.
· Evangelio: Lc., 24, 35-48: “Vosotros sois 
mis testigos”.
Antes de comenzar mis palabras, y como no puede ser de otra forma, ¡Feliz Pascua de Resurrección a todos! Un cristiano nunca puede olvidar celebrar la alegría que supone el paso de la muerte a la vida de nuestro Señor Jesucristo, verdadero y único motivo de que llamemos comúnmente “Semana Grande” a nuestra Semana Santa.
Cuando todavía resuenan los ecos de nuestra Semana Santa, tradicional de procesiones y visitas a los monumentos, nos encontramos con el relato de  Juan que no puede ser más sugerente. Nos dice que sólo cuando ven a Jesús Resucitado en medio de ellos, el grupo de discípulos se transforma. Recuperan la paz, desaparecen sus miedos, se llenan de una alegría desconocida, notan el aliento de Jesús sobre ellos y abren las puertas porque se sienten enviados a vivir la misma misión que él había recibido del Padre. 
Último domingo de Cuaresma. El próximo celebraremos el domingo de Ramos en la Pasión del Señor. Hemos estado recorriendo, como cada año, esta cuaresma con la ilusión de “sacudirnos” todo aquello que se nos pega en el caminar por este mundo, y así estar mejor preparados para la semana Santa.
· Primera lectura: 
Levítico 13, 1-2. 44-46.
· Salmo responsorial: 
Salmos 136. “Que se me pegue la lengua al paladar 
si no me acuerdo de ti”
· Segunda lectura: 
Efesios 2, 4-10.
· Evangelio: Juan 3, 14-21.
La Congregación para las Causas de los Santos comunicó el pasado viernes 23 de febrero que el 10 de noviembre de este año en la Basílica de la Sagrada Familia en Barcelona se procederá a la beatificación de 16 mártires, entre los que se encuentra la Hermana Franciscana de los Sagrados Corazones, Sor Carlota de la Visitación.
· Primera lectura: 
Ex. 20, 1-7: “Yo soy el Señor, tu Dios...”
· Salmo responsorial: 
Salmo 18: “Señor, tú tienes palabra de vida eterna”
· Segunda lectura: 
1 Cor., 1, 22-25: “Predicamos a Cristo crucificado”
· Evangelio: Juan 2, 13-25. “El celo de tu casa me devora”
La charla tuvo lugar en el Convento de la Encarnación este jueves 1 de marzo a las 19,30 horas. La Reverenda Liliana Campos reflexionó acerca de las actitudes necesarias para la oración, como son el recogimiento o el silencio.