El Señor de la Verónica ha sido trasladado en Romería desde la Plaza de Toros de Antequera hasta su ermita durante la mañana del domingo 19 de agosto. La Misa, que dio comienzo a las 8 de la mañana, fue oficiada por los padres Capuchinos y celebrada en una Plaza de Toros de Antequera llena de fieles y devotos, con el acompañamiento musical del Coro Rociero D’Arte.

Elías, profeta de Yaveh, se había enfrentado a Ajab, rey de Israel, echándole en cara su infidelidad al Señor; es perseguido y se ve constreñido a huir, a abandonar a su tierra, su familia, su entorno, todo lo que más quería. Todo por ser fiel a la palabra de Dios, a su fe. La primera lectura de hoy refleja la profunda depresión en la que está inmerso, hasta el punto de desearse la muerte. El consuelo y el consejo del ángel se centra en la necesidad de comer, porque el camino es duro. La figura celestial le hace entender que sin la ayuda de Dios no puede subsistir puesto que el sufrimiento, aún por causa de Dios, abruma a todo ser humano, extremadamente débil y frágil, sin Él.

Esta realidad de fondo es la historia de todo ser humano que quiere hacer el bien, ser coherente, auténtico, transparente, cercano y solidario. Es también la realidad del cristiano que quiere ser fiel al mensaje del Evangelio. Pero en medio de la prueba, del dolor y del sufrimiento a causa de su fe, en lo más profundo de sí mismo el Señor se le ofrece como comida y alimento que genera fuerza en la debilidad, fortaleza en la  impotencia, certeza en la duda.  Y el salmo responsorial de hoy nos invita a gustar esta realidad,  la realidad de un Dios que se nos ofrece como comida que revitaliza y dinamiza nuestra vida.

Esto mismo es lo que experimenta Pablo a lo largo de toda su vida de apóstol, como deja entrever en su carta a los Efesios. Lo que genera  malestar, dolor, llanto  y sufrimiento, es la ira, el odio, el orgullo, la avaricia, la insolidaridad… Todo ello radicalmente opuesto a Cristo. Sugiera que, sólo imitándole y asumiendo el mensaje de amor  testimoniado por Él en su vida, se hace posible que, a pesar del sufrimiento y la persecución, soportados por amor a Él y al hermano, es posible la realidad del amor, la convivencia diaria y la auténtica fraternidad, porque amándonos como Jesús nos ama, es posible una sociedad nueva fundada en el amor, incluso al enemigo.

El culmen de esta actitud de fondo nos la presenta Jesús que,  en el evangelio de hoy, nos da la clave para un programa de vida tan exigente como es la del cristiano, diseñada en el evangelio a través de su palabra  y su testimonio. Él es el pan de vida;  si el cristiano prescinde alegremente de comerle, de vivir una profunda comunión con Cristo  a través de su pan-cuerpo partido, que se nos ofrece diariamente en la eucaristía,  es imposible afrontar con elegancia y profundidad cristiana la dureza de la vida humana. 

Es inverosímil y quimérico vivir una mensaje cristiano de profunda exigencia si no se come, si uno no se alimenta frecuentemente con el pan de vida que es Jesús mismo; es imposible fortalecer la propia personalidad espiritual, que al no alimentarse, deriva en profunda debilidad y termina en la muerte. Pues el camino es duro y hay que comer para fortalecer nuestra vida espiritual, nuestra amistad con Dios, nuestro amor a Él y al hermano. Porque Jesús es el pan de vida que alimenta, fortalece y posibilita el testimonio hasta dar la vida por Cristo y el hermano.

Continuando con la escena de las últimas semanas, en este domingo decimonoveno del tiempo ordinario volvemos a ver a la gente murmurando –criticando diría yo– por el anuncio que Jesús había traído: “Yo soy el pan que ha bajado del cielo”. Y esa escena concluye esta semana con una afirmación tajante, que viene a darnos un adelanto –una exclusiva, se diría hoy–: “El pan que yo daré es mi propio cuerpo. Lo daré por la vida del mundo”.

El camino de lo que se conoce como la vida pública de Jesús no fue para nada un camino de rosas. Su paso itinerante y nómada por las diferentes regiones de la zona no dejaban indiferente a nadie y, claro está, quien se hace sonar, suena para bien y para mal. Es aquí donde volvemos a ver, una vez más, una de las miserias del ser humano: no ser capaces de creer sin haber visto e, incluso, criticar aquello que nos provoca envidia, porque no sabemos alegrarnos con las buenas nuevas de los demás. 

Es aquí donde se vuelve a mostrar una vez más el carácter más humano de Jesús, capaz de ser víctima de las críticas y de tener que enfrentarse, como un ser humano más, a todas ellas. ¿Cuántas veces nos ha sucedido alguna escena de éstas en nuestra vida? Y es que, el hecho de hacer vida pública, de mostrarnos ante los demás tal y como somos, puede llegar a provocar las murmuraciones de la gente. 

Ante todo, calma. No hay que dejarse llevar por los comentarios injustificados del prójimo. Hay que ser fuertes en el Señor, agarrarnos a nuestra fe y seguir nuestro camino de servicio a los demás con los valores que nos enseña el evangelio, por enseñanza recibida y, sobre todo, por convicción plena. Muchos son los que sufren en sus corazones cuando son criticados por el simple hecho de partir su vida y repartirla en pro de los demás. A todos los que lo hagáis, seguid haciéndolo, y a quién no, que sepa que aún está a tiempo de descubrir la verdadera felicidad, aquélla que te da el hecho de ver cómo eres capaz de hacer felices a los que te rodean.

No obstante, no quisiera detenerme en esta faceta del evangelio de este domingo, porque el verdadero mensaje, el único importante de este pasaje, es la manifestación de Jesús de entregar su vida, como pan, para saciar la vida plena del mundo. ¡Eso sí es partirse y repartirse por los demás! ¿Y tú? ¿Estás dispuesto a partirte y repartirte para saciar el hambre del mundo que te rodea?

 

“Pan de vida”
En el corazón del verano, cuando todavía resuenan en nosotros aquellas palabras de Jesús, de hace ahora dos semanas: “Vámonos a un lugar tranquilo para descansar”… de nuevo se nos presenta a un Jesús interesado por el ser humano, en concreto de nuestro alimento. 

· Primera lectura: 

· Primera lectura: 2º Reyes 4, 42- 44.

· Salmo responsorial: 

Salmos, 144.

“Abres tú la mano Señor,

y nos sacias”.

· Segunda lectura: 

Efesios 4, 1-6.

· Evangelio: Juan 6, 1-15.

El Evangelio de este domingo decimoséptimo del tiempo ordinario nos ofrece uno de los milagros más conocidos de Jesús: la multiplicación de panes y peces. Más allá de lo que podría ser una simple demostración o “chulería” de parte de Jesús por demostrar quién era, realmente Jesús nos muestra su lado más humano y cercano a las necesidades básicas de la gente.

 

Es con esto con lo que nos da una gran lección: se evangeliza con palabras pero quizá nos falte mucho más pasar a los hechos, que son los que realmente enseñan y dejan huella en el corazón de la gente. Jesús se encontraba con una muchedumbre a la que estaba enseñando la Buena Noticia. Pero llega el momento de comer y lo que es comida, precisamente, no tenían. Tan solo un niño portada unos panes y unos peces, muy poco para dar de comer a todos.

 

A pesar de ello y a pesar de cualquier pensamiento negativo que pudiesen tener los que estaban alrededor (¿a quién se le ocurriría que con 5 panes y 2 peces se podría dar de comer a tanta gente?), a pesar de todo ello, lo ponen en una cesta común para, al menos, intentar dar de comer a quien puedan, y finalmente logrando que sus esfuerzos y ofrendas sirviesen para obrar el milagro de dar a todos e, incluso, de llegar a sobrar. 

 

Quizá nos haga falta a nosotros mucha más valentía y autoestima de la de ese niño: ofrecer lo poco que tenemos para intentar lograr obrar “el milagro” que vamos persiguiendo. Leo en algunas redes sociales que hay una serie de actos preparados y organizados próximamente precisamente para “dar de comer al hambriento y de beber al sediento”, a todos esos hermanos que tienen hambre y sed de que sus necesidades sean paliadas.

 

Destaco dos acciones en concreto: la organizada por el colectivo EDAU que intenta conseguir reunir la cuantía suficiente para poder conseguir un medio de transporte para los chavales de autismo,  con un evento el próximo 4 de agosto en la Plaza de Toros; y la organizada ya para el 1 septiembre por la Cofradía de la Pollinica de Antequera, a favor del colectivo AMIDIS, además de su gesto colaborador mostrado esta pasada semana a fin de conseguir la meta de un transporte para el servicio que ofrece el colectivo Emaús en nuestra ciudad. Dos acciones concretas que demuestran nuestra sensibilidad por los más necesitados y que necesitan que nosotros pongamos nuestro granito de arena para multiplicar los panes y repartir los peces. “Mucha gente pequeña en muchos sitios pequeños haciendo pequeñas cosas, puede cambiar el mundo”.

Todos recordamos a Charlton Heston, encarnando a Moisés, intentando arrancar del faraón su permiso para que el pueblo hebreo abandonase Egipto. Y conservamos en nuestras mentes la imagen de Heston-Moisés, levantando los brazos y el bastón para mantener separadas las aguas del mar Rojo y permitir a su pueblo cruzar ese brazo de mar.

La Virgen del Carmen que se venera en la iglesia conventual de la Encarnación, concluyó este lunes 16 de julio, los cultos que la comunidad carmelita le dedica anualmente, que este año ha contado con la presidencia en las misas del sacerdote Dominique Sawadogo. 

En aquel tiempo, llamó Jesús a los Doce y los fue enviando de dos en dos, dándoles autoridad sobre los espíritus inmundos. Les encargó que llevaran para el camino un bastón y nada más, pero ni pan, ni alforja, ni dinero suelto en la faja; que llevasen sandalias, pero no una túnica de repuesto.

Y añadió: «Quedaos en la casa donde entréis, hasta que os vayáis de aquel sitio. Y si un lugar no os recibe ni os escucha, al marcharos sacudíos el polvo de los pies, para probar su culpa».Ellos salieron a predicar la conversión, echaban muchos demonios, ungían con aceite a muchos enfermos y los curaban.Los textos de este domingo hablan de llamada, elección y envío. Tres aspectos de una misma vocación que se vive en el desapego radical y en el servicio. Los apóstoles constatan que la fidelidad a la llamada de Dios compromete toda la vida.

La oposición que Jesús ha encontrado en su pueblo, como vimos el domingo pasado, no frena el anuncio de la Buena Noticia. Él continúa adelante asociando a su misión a los discípulos, a aquellos que eligió para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar. Hoy me pongo en el lugar de Pedro, Santiago, Juan y el resto de los apóstoles. Y hemos de reconocer que no son hombres cultos y por lo que cuenta el evangelio ni tampoco parece ser que eran muy religiosos. Y seguro que ellos mismos se preguntaron: ¿Quiénes son ellos para actuar en nombre de Jesús? ¿Cuál es su autoridad? La respuesta se las va a dar el mismo Maestro dándoles  autoridad sobre los espíritus inmundos. No les da poder sobre las personas que irán encontrando en su camino. Les da autoridad para liberarlas del mal. 

Jesús está pensando en un mundo más sano  liberado de las fuerzas malignas que esclavizan y deshumanizan al ser humano. Así sus discípulos  se abrirán paso en la sociedad no utilizando un poder dominador, sino humanizando la vida, aliviando el sufrimiento y haciendo crecer la libertad y la fraternidad. Jesús les está diciendo que no quiere discípulos ricos cargados de cosas superficiales, él los imagina como apóstoles sencillos caminantes ligeros de equipaje. Nunca instalados. Siempre de camino. No atados a nada ni a nadie. “No llevaréis  ni pan, ni alforja, ni  dinero”. Eso significa que el apóstol de Cristo, el cristiano de a pie no ha de vivir obsesionado por su propia seguridad. Los discípulos llevan consigo algo más importante: el Espíritu de Jesús, su Palabra y su autoridad para humanizar la vida de las gentes.

El Maestro nos está invitando a vestirnos  con la sencillez de los pobres. Finalmente Jesús en el Evangelio de hoy  nos invita a todos a ser discípulos misioneros sin otra seguridad que la de tenerle a Él  en medio nosotros. Recordemos que la única fuerza y seguridad de los apóstoles la llevan en  ser sembradores de la Palabra. Van con la autoridad de Jesús  para vencer los males que afligían a la gente. Pensemos los cristianos de hoy que vivimos en el mundo de contradicciones, la miseria junto a la pobreza, la desigualdad,  la violencia, la corrupción y el contemplar como mueren cientos de emigrantes todos los días en el mar. En este mundo concreto de pecado y de gracia de Dios, hoy somos enviados a luchar contra todas las formas del mal. Con las alforjas leves de carga, y con  la fuerza del evangelio. Radicales en el desprendimiento e inmersos en todas las culturas, anunciando al Dios de todos los pueblos. Con palabras y con acciones.

padre Ángel García, trinitario 

Estamos en plena época estival y, con ello, el ir y devenir de gente en busca de paz, sosiego, descanso y, por qué no, también en búsqueda de nuevos sitios que descubrir. Y, claro está, con ello, el preparar la dichosa maleta que, más que ayudarnos a hacer más bueno nuestro merecido descanso, nos hace más esclavos de nuestras posesiones.

El evangelio de este domingo decimoquinto del tiempo ordinario es contundente en cuanto al mensaje que Jesús les transfiere a los doce: id a evangelizar “pero no llevéis nada para el camino”. ¡Impensable a día de hoy! ¿Cómo vamos a irnos de nuestra casa y no vamos a llevar con nosotros ni siquiera una simple muda para poder cambiarnos? ¿Estamos tan locos de creer que a día de hoy vamos a encontrarnos quien nos lo dé todo por nuestra simple cara bonita?

Pienso que el mensaje, aplicado a día de hoy, va más allá: realmente el mensaje que nos quiere transmitir es el de despojarnos de aquellas posesiones que nos hacen esclavos en nuestro día a día. El tiempo de verano, de merecido descanso vacacional, debe ser un tiempo para eso mismo: para disfrutar del tiempo que no tenemos durante el año de poder compartir la jornada, que cada día se nos regala, con nuestra familia. ¿Acaso no tenemos posesiones que nos hacen esclavos en nuestro día a día y que merece la pena dejar atrás? Empecemos por algo muy sencillo: nuestro teléfono móvil.

Ese dichoso aparato que hace que cada día seamos más dependientes: para whatsapp, para juegos, para ver las redes sociales… incluso ya para consultar un mapa o gps. ¿Acaso no hay algo tan bonito como hablar con la gente, desarrollar nuestras habilidades sociales y preguntar a los viandantes cómo alcanzar nuestro destino?

Este mundo de las comunicaciones de a día de hoy se está haciendo cada vez menos comunicativo en lo personal: estamos necesitados de hablar de tú a tú, cara a cara, con los que tenemos cerca, ponerles rostro y ver en el prójimo (el más próximo a nosotros) a aquél que es reflejo también de nuestro Dios y que, a través de un “cacharro de estos” no nos deja ver la riqueza de descubrir al mismo Dios en el que nos rodea. Por ello, emprended vuestros viajes pero no llevéis nada que os estorbe, para hacer que vuestro destino sea realmente el disfrutar de la presencia de los demás en nuestro día a día. 

Aunque nos encontremos en verano y muchos de nosotros descansando de las duras faenas, nos encontramos con Jesús que continúa trabajando. Para él no hay descanso. Sigue su labor incansable tanto de palabra como de obras. Cuando ya se había hecho popular y famoso por sus milagros y su enseñanza, Jesús volvió un día a su lugar de origen, Nazaret, y como de costumbre se puso a enseñar en la sinagoga.