Antequera, la ciudad de las iglesias, ha tenido este sábado 28 de marzo un gesto del arcipreste de la ciudad, Antonio Fernández, que como hiciera este viernes el Papa y muchos sacerdotes a lo largo de los últimos días, bendijo con la Custodia del Cuerpo de Cristo en la puerta de la iglesia mayor y colegial de San Sebastián.

El juez más célebre es Sansón. El ángel de Yaveh le dice a una mujer, casada y estéril, que va a concebir y parir un hijo. El niño será nazareo, consagrado a Dios, desde el vientre de la madre, por lo que nunca podrá afeitarse ni cortarse el pelo de la cabeza. Su fuerza radicará en su pelo largo, señal de su consagración a Dios. Librará a Israel de los filisteos. 

A Sansón le gusta una mujer filistea. Cuando va a verla, mata un león con sus manos. Unos días después, ve un enjambre de abejas con miel en el esqueleto del león. Se casa con la filistea. En el banquete, Sansón propone a los mozos invitados un enigma: “Del que come salió lo que se come y del fuerte, la dulzura”. La mujer de Sansón le insiste para que le diga qué quiere decir. Al fin, Sansón le explica que se refiere al suceso del león y las abejas. La esposa comunica la solución a los invitados al banquete.  Entonces, Sansón mata a treinta filisteos para despojarlos de sus túnicas y dárselas, según lo convenido, a los que habían acertado el enigma. Se vuelve, enfadado, a casa de sus padres. 

Días después, va en busca de su mujer a casa de los padres de ésta. El padre le dice que creía que la había aborrecido y que la ha entregado a otro hombre. Sansón siente que no tiene culpa si hace daño a los filisteos. Atrapa 300 zorras –número lógicamente exagerado–, las ata de dos en dos por las colas, pone una tea ardiendo entre las colas y suelta los animales por los campos. Los trigos y los olivares arden. Los filisteos queman a la mujer de Sansón y la casa del padre de ésta. Sansón se venga y mata a muchos filisteos. Después se refugia en una cueva. Los filisteos consiguen que, para evitar represalias, los judíos le entreguen a Sansón atado de manos. Cuando van a apresarlo, Sansón se deshace sin dificultad de las ligaduras, coge una quijada de asno  y con ella mata a unos mil filisteos –cantidad exagerada de nuevo–.

Después, Sansón ama a otra filistea, Dalila. Los filisteos le ofrecen dinero para que averigüe dónde radica la fuerza de Sansón. Ella se lo pregunta una vez y otra. Pero el forzudo hebreo le da respuestas equivocadas. Hasta que, por fin, le revela que si le rapan las trenzas de la cabeza, quedará con las fuerzas de un hombre cualquiera. Dalila lo duerme sobre sus rodillas, manda a un hombre que le corte las trenzas y avisa a los filisteos para que lo atrapen.

Los filisteos lo meten en la cárcel, le arrancan los ojos y lo encadenan. Hacen una fiesta en su templo. Llevan allí al preso para que baile y así burlarse de él. Entonces, Sansón invoca a Yaveh: le pide que le devuelva su fuerza una vez más. Sacude las dos columnas centrales del templo con tanta violencia que el edificio se desploma sobre los filisteos que abarrotan el templo y sobre él. Todos mueren.

Las parroquias, templos conventuales e iglesias cofrades se llenaron desde primera hora de la mañana hasta la noche del día 26, para participar en la Eucaristía de inicio de Cuaresma en el Miércoles de Ceniza.

El pueblo de Israel, liderado por Déborah y Barac, había vencido al pueblo cananeo del rey Jabín y de Sísara. Disfrutaron de un período de paz. Pero los hebreos volvieron a desobedecer las leyes que Yaveh les había dado y adoraron a dioses cananeos. Como consecuencia, los madianitas los oprimieron, reduciéndolos a la pobreza. Los israelitas clamaron a Yaveh. El ángel del Señor se presentó ante Gedeón y le dijo: “Yaveh sea contigo, valiente héroe”. Gedeón le contestó que, si Dios estaba con su pueblo, no debían estar oprimidos por Madián; más bien, Dios los había abandonado. Entonces, el ángel le dijo: “Ve y, con esa fuerza que tú tienes, libra a Israel de las manos de Madián; ¿no soy yo quien te envía?”. Pero Gedeón no lo creyó, pues él era el hijo menor de la familia más débil de su tribu, la de Manasés –en repetidas ocasiones vemos en la Biblia que Dios elige para realizar su voluntad a alguien en apariencia débil–. Le pidió al ángel unas pruebas para asegurarse de que Dios lo ayudaba. El ángel accedió. Le pidió que lo esperase hasta que le llevara una ofrenda de carne de cabrito, caldo y unos panes ácimos. El ángel lo esperó. Cuando se presentó Gedeón, el ángel le ordenó que pusiese la carne y los panes sobre una piedra y que vertiese el caldo encima. Después, el ángel tocó con un báculo la carne y los panes. Surgió un fuego que lo consumió todo. El ángel desapareció.El pueblo de Israel, liderado por Déborah y Barac, había vencido al pueblo cananeo del rey Jabín y de Sísara. Disfrutaron de un período de paz. Pero los hebreos volvieron a desobedecer las leyes que Yaveh les había dado y adoraron a dioses cananeos. Como consecuencia, los madianitas los oprimieron, reduciéndolos a la pobreza. Los israelitas clamaron a Yaveh. El ángel del Señor se presentó ante Gedeón y le dijo: “Yaveh sea contigo, valiente héroe”. Gedeón le contestó que, si Dios estaba con su pueblo, no debían estar oprimidos por Madián; más bien, Dios los había abandonado. Entonces, el ángel le dijo: “Ve y, con esa fuerza que tú tienes, libra a Israel de las manos de Madián; ¿no soy yo quien te envía?”.

Pero Gedeón no lo creyó, pues él era el hijo menor de la familia más débil de su tribu, la de Manasés –en repetidas ocasiones vemos en la Biblia que Dios elige para realizar su voluntad a alguien en apariencia débil–. Le pidió al ángel unas pruebas para asegurarse de que Dios lo ayudaba. El ángel accedió. Le pidió que lo esperase hasta que le llevara una ofrenda de carne de cabrito, caldo y unos panes ácimos. El ángel lo esperó. Cuando se presentó Gedeón, el ángel le ordenó que pusiese la carne y los panes sobre una piedra y que vertiese el caldo encima. Después, el ángel tocó con un báculo la carne y los panes. Surgió un fuego que lo consumió todo. El ángel desapareció. Pero Gedeón requirió de Dios otras dos señales para saber si lo ayudaba. Tendió un vellón de lana en la era. Pidió a Dios que, al día siguiente, el rocío cubriese solo el vellón, quedando el suelo seco. Así sucedió. Gedeón se levantó muy temprano, exprimió el vellón y llenó una cazuela con el agua del rocío. Para asegurarse más, pidió otra prueba a Yaveh: que el vellón se quedase seco y el resto del suelo se mojase con el rocío. Dios accedió y eso ocurrió.

Convencido ya de que Yaveh estaba con él, Gedeón reunió un ejército. Pero, para que no hubiese duda de que la victoria se debía a la ayuda de Dios, éste ordenó al hebreo que lo redujese. Quedaron trescientos combatientes. Y, de noche, asaltaron el campamento madianita de un modo muy peculiar. Lo rodearon por sorpresa. Tocaron las trompetas. Rompieron unos cántaros y empuñaron las teas encendidas que contenían. Gritaron: “¡Espada por Yaveh y por Gedeón!”. Los madianitas, presa del pánico, empezaron a gritar, a correr. Mientras sonaban las trompetas, Yaveh hizo que los de Madián luchasen y se matasen unos a otros.  Algunos huyeron. Los israelíes los persiguieron. Los supervivientes trasladaron el campamento al otro lado del río Jordán. Gedeón cruzó el río, atacó el campamento, los derrotó y mató a sus príncipes. 

Los israelitas le ofrecieron a Gedeón ser su rey. Pero él lo rechazó, aduciendo que el rey de los hebreos era Yaveh.

Nuestra ciudad se sumó un año más a la bendición de las roscas en el Día de San Blas, el lunes 3 de febrero, mártir cristiano del siglo IV, quien antes de ser asesinado por su fe, sanó a un muchacho que tenía una espina en la garganta que estaba en peligro de muerte.

El libro de los Jueces nos transmite la situación de anarquía y de caos que se produjo tras la muerte de Josué y la conquista de Canaán hasta los tiempos del profeta Samuel.

Las tribus de Israel se establecieron en la tierra prometida. Se hicieron un pueblo sedentario y practicaron la agricultura. Pero no existía unidad entre ellas. Cada una se gobernaba autónomamente. Algunas tribus, eso sí, se agrupaban para enfrentarse a un enemigo común o en las fiestas anuales dedicadas al Dios de Israel. Lo que distinguía y unía a las tribus hebreas, frente a los pueblos cananeos, era la fe en Yaveh, el Decálogo y el código de la Alianza o mandamientos del Sinaí. 

La redacción del libro de los Jueces se basa en la idea teológica de que cuando el pueblo judío es infiel a Yaveh, no observando los mandamientos del Sinaí o rindiendo culto a dioses e ídolos paganos, es castigado por medio del ataque y opresión que un pueblo extranjero ejerce sobre él. Cuando Israel se arrepiente y pide a Yaveh su protección, éste elige a un individuo, un “juez”, que lo dirige y lo libra de sus enemigos. Por tanto, los jueces son los líderes escogidos por Dios para hacer frente a los conflictos de las tribus judías que  corrían el riesgo de ser sometidas, esclavizadas e, incluso, eliminadas, a manos de pueblos extranjeros y enemigos. Estos jueces dirigieron Israel durante unos trescientos años. Los más conocidos son: Déborah, junto con Barac, Gedeón y Sansón. Vamos ahora a comentar algo sobre Déborah y otra mujer que actuó como una aliada fiel, Jael.

Déborah, profetisa, se sentaba debajo de una palmera y administraba justicia a los hijos de Israel. Debido a los pecados de los judíos, el rey de Canaán Jabín, cuyo jefe militar era Sísara, oprimía a los hebreos. Estos pidieron ayuda a Yaveh por medio de Déborah. La profetisa le dijo al hebreo Barac que subiese al monte Tabor con hombres de las tribus de Zabulón y de Neftalí para plantar batalla a las tropas de Sísara y vencerlas. Barac estuvo de acuerdo siempre que ella lo acompañase. Déborah fue con él al monte Tabor. Sísara, informado, también marchó allí con su ejército.

Tuvo lugar la batalla y Barac, el líder hebreo, derrotó a Sísara; todos sus hombres murieron a filo de espada. Sísara huyó a pie. Llegó hasta la tienda de Jael, quien lo invitó a esconderse en su tienda. Jael cubrió a Sísara con una alfombra y le dio de beber. El derrotado militar se quedó dormido a causa del cansancio. Entonces, ella cogió un clavo de los de fijar la tienda y un martillo. Y mató a Sisara, clavándole en la sien el clavo, que penetró en la tierra. Después, entregó el cadáver a Barac, que iba persiguiendo a Sísara.

La iglesia patronal de los Remedios acoge este domingo 2 de febrero de la celebración de la Candelaria, donde los niños pasarán por debajo del manto de la Virgen de los Remedios, Patrona de Antequera.

A las puertas de la iglesia de Nuestra Señora de Los Remedios se agolpaban decenas de personas, cada cual con su mascota, para recibir la bendición de San Antón, que es el Patrón de los animales.

El libro de Josué contiene dos hechos extraordinarios: la conquista de la ciudad de Jericó y la detención del Sol.En la conquista de Canaán, Josué y los israelitas han acampado frente a la amurallada Jericó.

 

Según la Biblia, Yahvé le dice al jefe hebreo la forma de realizar la conquista. Durante seis días, deben dar una vuelta alrededor de la ciudad, yendo los hombres de armas delante, después siete sacerdotes tocando unas trompetas, luego los sacerdotes que portan el Arca de la Alianza y, a continuación, la retaguardia. El pueblo, entre tanto, no debe gritar ni hacer ruido. El séptimo día, han de rodear siete veces la ciudad del mismo modo. Pero, en la séptima y última vuelta, cuando los sacerdotes tocan las trompetas, el pueblo debe gritar. Entonces, las murallas se derrumbarán y Josué y sus huestes podrán conquistarla sin dificultad.

 

Eso fue lo que sucedió, según las Escrituras.Acerca de este asalto tan peculiar, los historiadores opinan que las murallas debían de estar hechas de adobes, lo que las hacía relativamente  accesibles al asalto. Además, los israelitas no se hubieran limitado a dar vueltas, sino que habrían abierto huecos en las murallas por donde habrían entrado después el grueso del ejército, terminando de derribar las murallas.

 

El suceso, después, se idealizó en la tradición hebrea de modo que las murallas  se desploman  con el solo sonido de las trompetas y el grito del pueblo de Israel.Posteriormente, los habitantes de la ciudad de Gabaón, valiéndose de un engaño, consiguieron que Josué hiciese con ellos una alianza de paz y que les respetase la vida.Ante esto, el rey de Jerusalén y otros cuatro atacaron Gabaón. Ésta pidió ayuda a Josué, quien acudió en su auxilio, entablando una cruenta batalla con los atacantes de Gabaón.

 

Una vez más, la victoria  fue para Josué y su ejército. Los derrotados huyeron de forma desorganizada. Como era costumbre, Josué los persiguió para que la victoria fuese completa. La Biblia dice que cayeron del cielo grandes piedras de granizo que mataron a muchos de los que huían. Y, sobre todo, Josué pidió a Yaveh, y éste aceptó, que el Sol se parase en el firmamento para que se prolongase la luz del día y tener tiempo suficiente para derrotar del todo a los enemigos que huían.

 

¿Qué podemos decir a esto? Si algún astro se hubiese detenido, no habría sido el Sol, sino la Tierra en su movimiento de rotación. La explicación más plausible es que una fortísima tormenta de granizo  ocultó unos instantes el Sol, pareciendo que se había hecho de noche. La tormenta terminó y volvió a lucir el Sol, lo que se interpretó en la mentalidad de aquella época como que el día se había prolongado de forma milagrosa.

Familias y amigos cristianos se reunieron en la tarde-noche del martes 24 de diciembre en los diferentes templos de la ciudad de Antequera para celebrar el Nacimiento del Niño Dios en la Misa del Gallo, celebración que recuerda el Nacimiento del Mesías, el Señor.

Un año más Antequera se suma a la víspera de la Navidad en Adviento, de la ‘Siembra de Estrellas’ que cuenta con los más jóvenes y pequeños del Arciprestazgo de Antequera.