Antequera aportó políticos a la Transición como Joaquín Jiménez Hidalgo, que fue parlamentario andaluz en la primera legislatura y senador español en la segunda. Hijo Adoptivo de Antequera desde 2004, Joaquín Jiménez Hidalgo vivió los últimos años de Franco y la Transición como alcalde de Antequera y presidente de la Diputación, a la que le dio la actual bandera; para ser ya en Democracia, parlamentario andaluz y senador español. Todo un referente.


Tras las Elecciones Generales y al Senado del domingo 10 de noviembre de 2019, publicamos esta entrevista realizada a un personaje político referente en la Historia de Antequera: Joaquín Jiménez Hidalgo, alcalde que fue de la ciudad entre 1975 y 1977, presidente de la Diputación Provincial de Málaga, senador y parlamentario andaluz.

Hijo Adoptivo de Antequera desde el 28 de Febrero de 2004, ya que nació el 18 de diciembre de 1935 en Luque (Córdoba), donde fue también alcalde su padre, Emilio Jiménez Barba, casado con su madre, Carmen Hidalgo Real. 

En su piso en la Alameda de Andalucía, conversamos con él en su salón, lleno de recuerdos de su vida política y con el retrato de Félix Revello de Toro. Tras una introducción personal y de la actualidad política, empezamos la entrevista con la pregunta obligada de cómo empieza su relación con Antequera al ser de Córdoba: “Terminé en Madrid Educación Física y la primera plaza que me asignaron fue Antequera. Tenía 21 años y llegué de profesor al Instituto Pedro Espinosa y aquí sigo”.

Fue cuando conoció a su esposa, Francisca Bermúdez Ortigosa, con quien se casó en 1960 y tuvieron siete hijos: Diego, Joaquín, María Jesús, Virginia, Francisco, Tomás y Emilio, quienes les han dado “lo mejor que tenemos y disfrutamos de todos: ¡17 nietos!”, nos dice muy convencido y cariñoso.

 


Alcalde de Antequera tras ser profesor de Educación Física en el Pedro Espinosa

Antequera, una ciudad desconocida para un personaje político de la época de la Transición: “Recuerdo que vine de noche en un autobús desde Málaga, desde Madrid me habían destinado al segundo instituto de la provincia que fue el Pedro Espinosa. Allí estuve dando clases hasta que me fui al Ayuntamiento de Antequera y empezó mi carrera política”.

Entre muchos nombres que recuerda que fueron alumnos suyos, nos enumera desde el doctor José Ramón Carmona (padre del actual parlamentario andaluz del mismo nombre) o el que fuera alcalde Jesús Romero Benítez.  

El nombramiento de alcaldes antes de la Transición no era por unas elecciones, sino “era el ministro de la Gobernación es el que nombraba al alcalde, en este caso de Antequera”, recuerda Jiménez Hidalgo.

Un día a día al frente del consistorio, que llevó desde el 4 de noviembre de 1975, relevando a Francisco Ruiz Rojas, quien lo había ostentado desde el 5 de octubre de 1966. Y lo fue hasta el 5 de diciembre de 1977, fecha en la que toma posesión José María González Bermúdez.

El día a día al frente del Ayuntamiento “era lo normal que hay que hacer al frente de la misma corporación como casi que ahora: que la ciudad funcione”. En un tiempo alternó su trabajo de maestro como el de alcalde hasta que “tuve que dejar las clases porque tenía que atender no solo el Ayuntamiento, sino también tenía que ir a Málaga con mucha frecuencia, como otros viajes. No era como hoy, en la que está todo muy organizado; antes tenías que ir a hablar con el director general que fuera, al ministro que correspondiera... pues los tenías que visitar en Madrid y lógicamente luchar para que los presupuestos tuvieran todos los fondos y luego presupuestos extraordinarios que te concedían, por lo que había que moverse si querías dinero para tu ciudad”.

Ser alcalde de una ciudad como Antequera le marcó, fue el inicio de su carrera política: “Antequera siempre tenía ese caché que ha tenido desde que yo la conozco, yo me quedé encantado viniendo a Antequera. Cuando me destinaron aquí yo veía Antequera todos los días visitando varias cosas y lo sigo haciendo siempre que puedo”.

En sus dos años al frente del Ayuntamiento, nos expone varias gestiones, pero destaca que Antequera, como España, estaba en los finales del Franquismo y preparando la Transición, por lo que con tener la ciudad funcionando, ya era más que suficiente. “Un ayuntamiento es la vida de una población y lógicamente requiere esfuerzos, trabajo, estar pendiente de las cosas por venir y que todo eso hace que estés siempre moviéndote. Antequera siempre ha estado bien en ese aspecto, es una gran ciudad y siempre ha estado como se suponía, pero el trabajo del Ayuntamiento era un trabajo de nivel, había centros, colegios... todo eso le daba un ambiente a Antequera que lo ha mantenido y lo ha seguido aumentando”.  

Pero, entre sus gestiones, nos destaca entre varias: “Yo estaba obsesionado con que no había toros en Antequera, por lo que a la plaza le dimos un arreglo, la pusimos para funcionar y hubo toros cuando se esperaba que ese año no hubiera. Yo recuerdo que invité al gobernador a venir a una corrida de reinauguración de la plaza y se fue encantado de ver el ambiente. Cuando me vieron en el palco, el aplauso que recibí me emocionó, pues lógicamente por muchas cosas, pero entre otras, porque no me esperaba aquel recibimiento”. 

Su fugaz presencia en la Alcaldía tuvo como relevo a José María González Bermúdez, el último alcalde de la Dictadura y el primero de la Democracia, con quien tuvo una grata relación: “Fue magnífica, como intenté siempre con todos los políticos, fueran del partido que fueran, aunque en realidad, éramos además amigos y nos tratábamos con toda la cordialidad que había, y lógicamente los resultados fueron siempre buenos”. 

Unos tiempos donde aún no cobraban los sueldos que hoy tiene cualquier cargo político: “Sueldos no había; era una gratificación muy pequeña por los viajes, pero que se quedaba para dárselo al secretario particular”.

Le tocó ser político en los últimos años de Franco, ahora de nuevo muy en la actualidad por el traslado de sus restos: “La vida de Franco fue positiva en muchos terrenos, y hay muchas cosas que desde mi punto de vista, lógicamente eran normales y buenas para la población. Luego, con las ideas, hay personas que piensen de distinta manera. Pero yo, no obstante, pude estar viviendo una vida normal, con una enseñanza donde veía que en nuestro pueblo, había una juventud que ayudaba mucho, que empujaba, que colaboraba...”.

 

 

De alcalde de Antequera a presidente de la Diputación Provincial de Málaga

Además de alcalde de la ciudad, “yo era diputado provincial y estaba de presidente Pancho Cabeza López, que fue máximo responsable tras Paco de la Torre y antes que yo. Me nombró vicepresidente y luego fue sustituido y me nombraron a mí a final de 1977. Antes, estuve mucho tiempo colaborando con él como vicepresidente y me daba muchas funciones y yo conocía todos los departamentos. Cuando ya me designaron presidente de Diputación, tenía que dejar de ser alcalde con todo el dolor de mi corazón, pero la Diputación necesitaba dedicación plena y tuve que renunciar a la Alcaldía”. 

Se habla mucho de la red de organismos públicos. ¿Para qué sirve una diputación provincial?: “Pues para  prestar a todos los ayuntamientos de menos de 10.000 habitantes su colaboración, estando pendiente de sus 100 pueblos. El trabajo era permanente y continuo, yo nunca he dejado de vivir en Antequera desde que llegué para ser maestro, yo volvía de noche, y por la mañana me iba a Málaga, entonces la tarea era continua, a veces terminabas a las 11, a las 10, las 12 y es cuando volvías a tu casa”.

Hoy estar sin móvil es algo impensable, ¿cómo se organizaban entonces?: “La comunicación era ir a ver a la persona o cargo que precisabas o que él te llamara por teléfono a la secretaría y de ahí... a la reunión en persona”.

Su vinculación política fue con Alianza Popular, de la que nació el Partido Popular. “Yo fui alcalde, pero no estaba en ningún partido. Luego conocí a Fraga, que era un hombre impresionante y ya me uní con él a Alianza Popular en la Transición”.  

 

Su participación en el ‘Pacto de Antequera’ y en la Transición Democrática

Jiménez Hidalgo fue testigo directo de la transformación política y democrática de la España que tenemos hoy. “Tuve la suerte de vivir en todos esos momentos tan importantes para llegar a la sociedad que disfrutamos hoy. Como teníamos muy buenas relaciones en la provincia, Antequera se destacó mucho para que las reuniones fueran aquí y hubo hasta propuestas para ser capital andaluza”.

Interesante lo que nos pueda aportar de ese capítulo de nuestra historia: “Eso fue que Sevilla tenía más respaldo político, pero hubiera sido un acierto apostar por Antequera porque es el centro y hubiera evitado las rencillas de Sevilla con Málaga, que siguen aún presentes. La mayoría votaron a Sevilla, siendo yo el primero que votó a favor de Antequera y en contra de Sevilla. Recuerdo que en las votaciones cuando voté que no, se volvieron los sevillanos... y votaron conmigo  diputados como Antonio Valero y Paco Ortiz de la Torre”. 

Dejando lo local a un lado, ¿cómo se llegó al consenso de la Constitución Española y de la Transición?: “En realidad era un entendimiento, yo estaba en el Parlamento entonces y tú veías que aquello tenía que llegar a un buen fin, porque tú apreciabas que había deseo y eso originó que fuera muy fácil”. 

¿Y por qué ahora cuesta tanto a la clase política llegar a un consenso?: “Ahora hay falta de interés general porque se miran más las cosas que son poco positivas. Por ejemplo, en la composición de algunas corporaciones había más formación en los querían el diálogo que en los que no lo querían. Te molesta mucho cuando ves que se dan pasos atrás, y cuando se está mirando más los intereses de los partidos que de los ciudadanos”.

¿Cómo fue el salto de presidente de la Diputación a parlamentario y senador?: “A mí me propone mi partido en Málaga, tanto para el Parlamento Andaluz como en el Senado. En la Transición, cada uno actuaba representando a su partido y se hacía lo posible para colaborar y sumar. Es que no paraba, era ésa tu tarea, tenías que ser representación y comunicar a los tuyos la marcha de los asuntos que te habían confiado”.

Así, fue parlamentario andaluz en su primer legislatura entre 1982 y 1986 por Alianza Popular, siendo vocal de la Comisión de Educación y Cultura. Y senador en la segunda legislatura por el Grupo Parlamentario Popular desde 1982 a 1986, donde fue vicepresidente segundo de la comisión de relaciones con el Defensor del Pueblo y de los Derechos Humanos; así como vocal en las comisiones de autonomías, Defensa, Presupuestos, Tráfico y Consumo de Drogas e Investigación de Desaparición de súbditos españoles en países americanos.

Sabemos de su relación con Fraga, ¿qué contacto llegó a tener con Adolfo Suárez, el primer presidente democrático con la UCD?: “Yo conocí a Suárez en Madrid en el tiempo que estuve allí, recuerdo que él siempre estaba en vanguardia y era competente. Él, como mi generación, nos tocó vivir en los tiempos de Franco y fuimos las bisagras para conseguir con la Transición las libertades que hoy disfrutamos en España”.


La labor del Senado y su relación con los alcaldes de Antequera

Le preguntamos por el órgano tan desconocido e infravalorado como es el Senado: “Es imprescindible la participación en el Senado, tiene su parte legislativa como segunda lectura de las leyes, que es fundamental para aprobar muchas leyes y lo que haces es que tu trabajo es más pausado que el desarrollo del Congreso que es más político. La diferencia puede ser que el debate va con el Congreso y el ordenamiento legislativo en el Senado”. 

¿Qué quedó de su trayectoria política tan densa?: “Siempre tienes amigos, como me demuestran cuando me llaman de la provincia de Málaga o de la de Granada, compañeros que eran diputados, te consultan, te invitan a bodas, las relaciones no se rompen nunca... Creo que el espíritu de la España de la Transición prevalecía la oportunidad de progreso para todos los españoles antes que la de los partidos, como creo que hoy se ha convertido. Solo hace falta ver cómo está la situación en el panorama actual”. 

Tras haber sido alcalde de Antequera y un referente de la política provincial, ¿le llamaban o lo siguen haciendo los actuales regidores?: “Con José María González nos veíamos con frecuencia y cuando necesitaba algo me lo pedía, y con los sucesivos que hubo tuve las relaciones propias por el sitio en el que yo estaba. Yo siempre he tenido las puertas abiertas para todo el que me reclamara. Por ejemplo, ahora soy vecino de Manolo, el actual alcalde, y en sus inicios tuvimos más de una conversación”.

¿Cómo ve hoy a Antequera?: “Hay una influencia del Turismo ahora en Antequera increíble, esto lo he notado yo, y esto ha sido de la época posterior a mí. Estoy siempre pendiente de ver qué ha movido eso. Es el fruto de muchos años de trabajo, es lo que siempre hemos soñado, pero hasta Manolo Barón y ser Patrimonio Mundial, no se ha conseguido. ¡Qué alegría me da ver las terrazas llenas de la Alameda y las calles del centro y las zonas monumentales!”.

 

 

 


La Antequera del siglo XXI

Le apasiona pasear por las calles y ver cómo crece. Sabe que ser Patrimonio Mundial ha abierto las puertas del Turismo que desde siempre se buscó llamar la atención: “Antequera requiere fundamentalmente mantener muchas cosas de las que tiene y otras iniciativas ampliarlas. Tenemos que ser referente de la comarca y seguir sumando todos los esfuerzos que nos han hecho llegar  a lo que hoy disfrutamos”. 

Hablando de sus nietos, piensa en ellos para proponer más iniciativas: “Fundamentalmente tener un desarrollo para la juventud que ahora mismo precisa más atención. La juventud siempre ha sido magnífica, por lo que hay que darle medios como más instalaciones, actividades deportivas... eso es lo que sé que siempre buscamos los alcaldes”.

Hablando de alcaldes, ¿qué opina del actual Manuel Barón?: “Aunque yo he estado muchos años fuera, la figura de Manolo Barón encaja perfectamente en Antequera y además cuando lo he conocido, veo que hay madera para tener un alcalde muchos años más”.

Ahí queda nuestra entrevista con un personaje de la vieja guardia, cuando se sentaban a hablar políticos de derechas, de centro, de izquierdas... y llegaban a un acuerdo por el bien de la ciudadanía.Joaquín Jiménez Hidalgo, un personaje de nuestra política, que además de ser Hijo Adoptivo desde 2004, se merece, junto a otros muchos alcaldes, estar en la Galería que se inició junto al Salón de Plenos del Ayuntamiento de Antequera. Pocas personas han representado a una ciudad, a una provincia, en tan diversos organismos.

 

 
 
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