Los documentales han sido siempre un género denostado e incluso mal tratado por la política de la industria cinematográfica. Los periplos por festivales y alguna oportunidad en canales temáticos han sido su única salida comercial. Es ahora, gracias a las plataformas digitales, cuando parece tener algo más de difusión. Realizaciones que aglutinan grandes sacrificios personales y profesionales. Una de estas plataformas ha estrenado no hace poco un documental de los que marcan época. 

Me refiero a “El dilema de las redes sociales” de Jeff Orlowski (2020). Como influye en nosotros hasta límites insospechados esa estúpida manía que hemos adquirido de encerrar nuestro apreciable tiempo en una pantalla de un palmo de tamaño. El documental hace una tremenda y radical reflexión de como hemos volcado nuestras vidas en la utilización de determinadas app, convirtiendo nuestra existencia en un simple “like”. Son muy fuertes las reflexiones y juicios que se exponen, sobre todo, por ser estas voces las de los creadores de estos gaches tecnológicos. Y que ahora, como predicadores en el desierto nos advierten del gran error o de su cara más oscura. “El dilema de las redes” debería ser visionado, ya no solo por todos nosotros, sino en especial por la gente más joven. 

Hace poco, un amigo me comentaba de como tenía nostalgia de aquel mundo en el que vivíamos. Un mundo sin móviles, sin internet, sin plataformas digitales; cuando llamabas por el teléfono fijo a alguien para quedar en algo más concreto, cuando nadie te hablaba de ubicaciones, cuando mirábamos al cielo por si temíamos a la lluvia, cuando escuchabas a tu madre o abuela la receta de un plato, cuando el “me gusta” lo dabas con una sonrisa o un abrazo. Todo ello, no es una reflexión romántica, era una verdad de vida. Ahora diluida en descargas, visualizaciones… La interpretación de Tom Hanks en “Naúfrago” (Robert Zemeckis, 2000), nos recuerda la importancia de cada minuto en esta vida. Lo estamos olvidando. Recuerdo bien una lectura del profesor Keatingen “El club de los poetas muertos” (Peter Weir, 1989), “…vivir a conciencia, quería vivir a fondo, y extraer todo el meollo a la vida. Dejar de lado todo lo que no fuera la vida, para no descubrir en el momento de la muerte, que no había vivido”. El temido sueño de Neo en “Matrix” (Hermanos Wachoski, 1999). “El dilema de las redes” es como un SOS de unos náufragos en una pequeña isla en mitad de un gran océano. Todas las revoluciones que han existido en la historia del hombre, surgieron en mitad de un océano. Esta, al igual que ellas, posee esa chispa que ha iluminado e ilumina siempre nuestro horizonte hacia una mejor humanidad; la esperanza. Y eso, se agradece.