El cine español ha tenido verdaderas obras maestras. La calidad de sus profesionales, tanto técnicos, como interpretativos, han dejado en la historia de la cinematografía obras de gran valor artístico. “La torre de los siete jorobados” de Neville, “El pisito” de Marco Ferreri, “Plácido” de Berlanga... y “Volver a empezar” de José Luis Garci. El cine de Garci es un cine ortodoxo, cada uno de sus fotogramas, destila homenaje y conciencia enorme del arte cinematográfico. 

En 1983, “Volver a empezar” se alzó con el Óscar a la mejor película extranjera. El escritor y profesor de universidad, Antonio M. Albajara regresa a Gijón durante una breve instancia. La necesaria para que su espíritu se reconcilie con el pasado. La fotografía de Gijón, el paralelismo con San Francisco, los interiores y diversos exteriores, son fotografiados por Manuel Rojas con una cromática parda, a su vez con gran naturalidad. “Volver a empezar” es una declaración de amor al cine. Los encuadres, los travellings, el ritmo perfecto de edición, la selección musical,... Garci, no fue a ninguna escuela, pero como bien comenta él, cada vez que lo entrevistan, su gran escuela ha sido el trabajo y rodearse del consejo y la observación de grandes profesionales como Sinde, Mercero, Dibildos... 

Volviendo a la película, y obviando a su alma mater, la película tiene vida debido a unos magistrales Antonio Ferrandi, José Bódalo, Encarna Paso y Agustín González. La secuencia de Ferrandi y Bódalo junto a la chimenea es impresionante. Me van a permitir, piense que es la mejor secuencia interpretativa de la historia del cine español. Tiene el empaque artístico, de estilo, técnico e interpretativo para ser un claro referente del buen hacer en nuestra cinematografía. Aunque haya que remontarse a unas décadas, y es que es lo que tiene poder contar con el testimonio de los grandes maestros. Son eternos.