La muerte de la caja tonta como instrumento de entretenimiento nos ha hecho bucear y afiliarnos a distintas plataformas de contenidos audiovisuales, a indagar y a ser críticos en la búsqueda de contenidos que merezcan la pena, aunque nos sirvan de suave nana en la siesta patria. 
 
A pesar de la diversidad, hay que ir con ojo. A veces la suerte se vuelca del lado del espectador ojeador y se produce el encuentro en cuarta fase con algo que bien merece la pena. “Resurface”, documental que no llega ni a la media hora (lo bueno y breve, dos veces bueno) es una de las últimas piezas audiovisuales que merece la pena descubrir. 
 
Su temática, su realización y los valores que se desprenden de esta producción no pasan de inadvertidos en nuestra sala de estar e incluso en festivales como el de Tribeca Film Festival (NY). Izenberg y Padula, autores de este magnífico documental, ponen toda la carne en el asador. 
 

Desde el primer momento, la fotografía de Padula, con guiño a “Point Breack” (“Le llaman Bodhi”) – 20th Century Fox 1991, nos sumerge en testimonios que son llevados y manipulados dramáticamente de forma genial por Izenberg, sin ahondar en la morbosidad de la desgracia o búsqueda de la esperanza. 
 
“Resurface” es todo un ejemplo y ejercicio de buen cine documental. El respeto hacia excombatientes, descubrir el telón de desesperación, la locura, desestabilización emocional y la mutilación física de personas que han servido a su país, y ahora buscan un porque levantarse cada mañana, no es un mero artificio, es el corazón desgarrador de un testimonio que a nadie deja indiferente en la sobresaliente “Resurface”.