La película ha terminado. El proyector continúa encendido. La pantalla en blanco ilumina cada una de las caras de los que hemos conocido a Ángel Guerrero. En ella, cada uno de nosotros hemos tenido la oportunidad, la suerte, de haber vivido algunos momentos de la vida de un hombre que repartió su amor entre su familia, amigos y su tierra.
 
Todos y cada uno de nosotros hemos conocido al hombre, al marido, al padre, al hermano, al profesional, al cofrade, todas ellas, caras que normalmente solemos vestir en nuestras vidas, pero que muy pocos saben equilibrar, tal y como lo hizo él. 
 
De entre todas, me quedo con la de padre. Sus cuatro hijos son el legado que nos deja, la conjunción de cada una de esas facetas desarrolladas por ellos en sus vidas. Cuatro vidas que son reflejo de sus enseñanzas, su forma de entender la vida, modelada bajo las experiencias y caracteres de cada uno de ellos. 
Ángel no nos ha dejado, nunca nos dejará. Ángel, Teresa, Curro y Pablo es la jugada perfecta al destino implacable que nos espera a todos. La fuerte luz blanca de la pantalla que ilumina nuestras caras comienza a ser teñida de colores diversos, de formas caprichosas. Vuestro padre está disfrutando de lo lindo, viendo el enorme cariño, el amor de los suyos, arropando su recuerdo, pero algo mejor, hacia su familia. 
 
Os enseñó el esfuerzo, el sacrificio, el amor verdadero en cada una de sus facetas. Ahora sois él, y sonríe desde la cabina de proyección de esta sala de cine que es la vida. Sabéis como vivirla y él lo sabe. La película continúa, nuestros ojos se fijan en la pantalla, en el rostro de Ángel un aire de complicidad. Sigamos emocionándonos de nuevo en esta proyección, sabiendo que lo haremos conjuntamente con vuestro padre y maestro.