A veces, enfrentarse a una taquilla con títulos españoles hace adoptar actitudes semejantes a cuando uno va a la tienda habitual del barrio a comprar algo y mira y remira la fecha de caducidad, levantando incluso la etiquetita del precio sabiendo de la argucia del tendero. Pues esto es lo mismo. “Kiki, el amor se hace” o “Altamira, el cine se hace”.
 
“Altamira” está claro que no es la gran película, pero el voto de confianza había que dárselo. No se aleja para nada de los estilos visual y descriptivo de sus padres, el director Hugh Hugson y la guionista Olivia Hetreed. Antonio Banderas está correcto y marca el pulso interpretativo desde los planos compartidos a los primeros planos de todo un maestro. Un casting internacional que se lleva premio en la impresionante caracterización de Everest. Una filmación de abundantes planos generales donde el entorno santanderino de finales del siglo XIX es uno más de los personajes. El ritmo es lento. Quizá se deba a su primer tratamiento como documental. 
 
La narración cinematográfica no se pierde en subtramas posibles y aparece salpicada de pequeños detalles históricos que nos anclan en la época. Sólo un pero “made in spain”, mola más si el malo de la peli es la Iglesia. En fin, en esto se salen de la veracidad histórica. 
 
Ustedes mismos. “Altamira” una película española, argumentando nuestra rica cultura y arte, con inversión española, casting internacional. “Kikizás”… así se pueda hacer industria cinematográfica en nuestro país. ¿No creen?