El castillo de Eilean Donan puede ser una visita de tantas para quien recorre las Tierras Altas en Escocia, pero el recorrerlo hace nos asalte una especie de “déjàvu”. Algunos de sus rincones, su puente, la vista general… hay que cerrar los ojos, respirar lentamente el frío aire y tras unos segundos, sonidos fantasmales parecen resurgir de la bruma de los tiempos. Sientes como vitorean y ríen el clan de los MacLeod.

De repente el sonido cesa, se hace el silencio. Los pasos de un calzado comienzan a sonar, distingues el andar, un andar con licencia para matar, siempre al servicio de su graciosa majestad, inconfundible siempre 007. El castillo de Eilean Donan tiene algo especial. No es la gran fortaleza donde se filmaron secuencias de Potter, cerca de Edimburgo; o algunas localizaciones en Inverness y lago Ness, para algunas de las producciones entorno al famoso monstruo del lago.

El castillo conserva la magia de quien lo utilizaron para contarnos historias maravillosas, sobre todo con un recuerdo muy especial para “Highlander (Los inmortales)” de 1986, una película mágica, de momentos que han quedado para siempre en la cultura cinéfila, con una banda sonora atemporal.

“Los inmortales” siempre tendrán un hueco en el corazón fantástico de la cinematografía. Recorrer sus murallas y perder la vista entre los paisajes que lo rodean, dejándonos llevar por el Peter Pan que llevamos dentro, mientras la ligera brisa parece traernos de la lejana arboleda en forma de leve susurro el despertar de un temible grito… “Sólo puede quedar uno”.