De pequeño, había ciertos rituales. Ir a misa los sábados por la tarde, y al volver a casa, tras un paseo, cenar hamburguesas viendo “Informe Semanal” y esperar con ilusión la película de la sesión de “Sábado Noche”. En una de estas sesiones descubrí “Espartaco”. Su protagonista, no me era distinto. Su cara la había visto en alguna que otra película con mis padres. Pero desde aquel momento, Kirk Douglas entró en mi vida. Douglas representa el Hollywood dorado. Dorado y grande, por sus puestas en escenas, personal técnico e interpretativo. Películas que uno puede ver tranquilo en cualquier soporte, y anteriormente en el cine, sin el miedo a encontrarnos... pues eso, lo de hoy en día. 

Douglas tuvo una vida ascendente, en consecuencia a sus acciones, enfocadas al mundo interpretativo. Se formó en las tablas, pero las idas y venidas de su vida, lo trasladaron de la costa este al oeste, y allí, gracias a Lauren Bacal consiguió sus primeros papeles. Su rostro ha sido siempre asociado a grandes títulos. Incluso en los 70, cuando la crisis de la creación cinematográfica hacía mella, nos dejó momentos únicos en el medio a batir, la Tv. Recordamos con ello, la magnífica versión del “Doctor Jekyll y mister Hyde” para la NBC, una joyita. Cuando un arte queda personificado en una o varias caras, esta claro que esas personas forman parte de una leyenda. 

Artistas como Douglas, Gable, Crawford, Stewart, Hepburn, Peck, Garland, Cagney, Taylor, Fonda, Garbo... dedicaron su capacidad interpretativa para contarnos historias de diferentes matices, que hoy en día conforman nuestra cultura popular y humana. Son eternos y siempre serán admirados. De todos ellos, Dios, el destino,... como quieran llamarlo, nos ha dejado de momento, un testigo de aquel Hollywwod, Olivia de Havilland. 

De seguro, y tras la última noticia de Douglas, todas las noches mirará a los cielos muy tranquila, sabiendo que nunca se apagará la luz de todos ellos. Como el título de una de sus películas, “La heredera” (1949), con la que ganó un Oscar a mejor actriz, hoy, ella lo es entre nosotros. Heredera de una forma de hacer y vivir el cine que merecerá siempre nuestro respeto y admiración para la eternidad.