Peter Benchley no estaba en uno de sus mejores momentos creativos. Deseaba escribir su primera novela. Tras el consejo de su esposa y relajar su mente perdiéndose en lo más profundo del océano, su lugar preferido, nos arrojó una pesadilla de más de siete metros de largo.

Aquel primer éxito literario “Jaws”, se convertiría en también otro primer éxito cinematográfico, en este caso de un joven Spielberg. Si Alfred Hitchtcock logró que el ducharse tuviese otra perspectiva en nuestras mentes, no digo nada de Spielberg al meter nuestros piecitos en la orilla de una playa. No hay humano viviente que oteando el horizonte playero, no le venga a la mente algunas de las angustiosas secuencias de la película. “Jaws” (1975) no solamente fue un éxito de taquilla, salvó a la industria de Hollywood de la época y puso de moda el merchandaising cinematográfico, pronto perfeccionado por “StarWars”. 

Los logros fílmicos de “Jaws” se debieron al ingenio de su director, abrumado por las múltiples complicaciones técnicas. Acabo de volver a ver la película y su magia en mí no ha desaparecido. La he visto varias veces como ejercicio cinematográfico, pero esta última me he despreocupado y me he zambullido junto al “jefe”, le he pedido permiso a Quint para subir a su barcaza, mientras me dejaba instruir por Hooper. 

El silencio de la noche tras relatar el capitán su experiencia en el Indianápolis y el golpear suave pero rítmico delagua sobre el casco, me daba la sensación de ser una caprichosa campana de cementerio tocando a difuntos.Clímax único. En definitiva, un clásico que por su realización e influencia en la industria cinematográfica, merece ser re visionadomínimamente una vez al año… tun-tun-tun-tun…