Para mí, centrándonos en las actuales celebraciones religiosas, tengo un especial cariño a la de la noche de los Reyes Magos. Cinematográficamente ha recibido muy poca atención la festividad de los Reyes Magos, algo de gran significado religioso y cultural en nuestras vidas. Recuerdo de pequeño, un sábado sentado en el sofá degustando mi mollete calentito, ser sorprendido por el videoclip “The Power of Love” (grupo pop británico “Frankie Goes to Hollywood”), mientras veía “La bola de cristal”. 

Aquellas imágenes serían las únicas referencias cinematográficas de mi infancia. Cierto es que en algunas películas hubo algún aporte, pero las del videoclip tenían la universalidad y definición que exigía la historia. Tendría que ser en la edad adulta, cuando el director Antonio Navarro en 2003, estrenase con enorme éxito la película “Los Reyes Magos”, y yo pudiese dejarme llevar por esa magia. Una película muy divertida, con un dibujo animado estilizado en la clásica concepción redefinida en producciones de los noventa por Disney. Un producto visual agradable para ver en familia, y sobre todo, basado en nuestra cultura. Al igual  que expandimos nuestro saber y podemos tomar todo lo maravilloso de otras culturas (bienvenido sea) y que nos construyen humanamente a mejor, no debemos olvidar aquello que forma parte de nuestras raíces y que también podemos ofrecer y aportar. 

Volviendo a la película, esta supuso uno de los primeros pasos en la producción española enfocada internacionalmente. En el reparto de las voces contó con Echanove, José Coronado e Imanol Arias, en los papeles protagonistas. Ahí es nada. 

La película fue distribuida por Walt Disney Company en su estreno en Estados Unidos (otro gran logro). Y si al comienzo hablábamos del videoclip de los Frankie Goes to Hollywood, terminamos con el realizado para esta película. La canción se llama “La Estrella de Belén”, interpretada por José Luis Rodríguez “El Puma”. Y eso, para ser sincero, deja mejor cuerpo que la nominación a los Goya por Mejor Película de Animación y no habérselo llevado. ¿Verdad?