Me preguntaba el otro día, mientras paseaba, sobre qué estaría pasando por la cabeza de las personas que abandonan en el suelo mascarillas o guantes, con la que está cayendo en este país, semiaturdido aún sin sus libertades  y obligado a ser desigual hasta en la desescalada de su confinamiento. Justamente esto último ha conformado la polémica de la semana y  resta ver  cómo evolucionará,  dadas las dificultades de conjugar de manera exitosa el binomio salud  y economía. Por si fuera poco, muchos indicadores ponen de relieve que llegan peores vientos de los esperados para las empresas, ya que van a necesitarse nuevos procesos de reinvención y adaptación a un ecosistema enormemente hostil en casi todos los sectores. 

Ahora que el ciudadano de a pie empieza a desperezar esos músculos anquilosados tras incontables jornadas de obligado encierro, todo lo que  sus ojos merecen divisar no debe ser otra cosa que el esplendor de esta primavera, tan adulta ya, de la que apenas conocemos su infancia tras tanta libertad coartada. Han sido días duros de enclaustramiento y alguna que otra pesadilla, pues lo vivido no ha parecido otra cosa que un mal sueño o una extraña películade difícil despertar. Por si fuera poco,  el incesante y empachador bombardeo omnicanal cargado de malas noticias y peores presagios. Hemos visto como nunca antes una Antequera inaudita, de calles desconocidas y silenciosas que necesitaba despabilar al fin. De fondo,el  encomiable trabajo de este semanario sellando para la posteridad textos e imágenes como testigos de lo que está ocurriendo por esta pandemia, no sea que dentro de un tiempo al olvido le de por hacerse buen amigo de la indiferencia. Lamentablemente, nada va a seguir siendo como antes en lo referente a saludos, abrazos y ese tan estar  juntos que siempre ha caracterizado la personalidad de nuestras gentes.

El civismo siempre se basa en el respeto al prójimo y al lugar en el que vivimos, de ahí que resulte tan chocante comprobar que haya quien no tome verdadera conciencia de la problemática realidad. No debemos quedarnos únicamente en la poca prudencia de las quedadas sin elementos de protección de muchos jóvenes pues no son escasos los casos en los que algunos adultos tienen peor proceder. La educación, que siempre es la mejor arma que las sociedades tienen para asegurar su futuro, nunca debe confinarse, como tampoco la libertad o el sentido común. En este punto es digno de mención,  el trabajo que está desarrollando en redes sociales el IES Pedro Espinosa de nuestra ciudad. Merece la pena seguirlos ya que además de ver como desarrollan  las habituales actividades formativas con su alumnado, los docentes promueven entre ellos valores como la solidaridad y el respeto hacia los demás o el medio en que vivimos.

Grandes son los pueblos donde la cultura social prevalece sobre el propio yo individual, por lo que toda acción  que redunde en el desarrollo integral de las personas, debe ser justamente aplaudida. Nos va en ello un mejor porvenir.