Fue Mitrídates VI, un rey demasiado molesto para el imperio romano hasta el punto de que se hicieron necesarias tres encarnizadas guerras  para conquistar sus tierras: el reino de Ponto, en las inmediaciones del mar Muerto. El valeroso y políglota Mitrídates (132-63 aC), desarrolló una singular vida entre la que se alternaban secuelas de tiranía, amor, pasión y venganza en la  lucha por los ideales de un pueblo cuya gobernanza le vino heredada  de su propio y homónimo padre.

 

Con él –que manifestaba tener entre sus antepasados al sublime Alejandro Magno– la historia marcó la primera disputa bélica entrepueblos de oriente y occidente además del inicio de los peculiares sistemas de  contraespionaje entre rivales.

Resulta curioso el poco reconocimiento histórico que ha merecido este Mitrídates El Grande salvo menciones en el campo de la medicina y la farmacopea ya que solía consumir pequeñas “dosis magistrales” de distintas sustancias letales con la idea de volverse inmune a ellas. No en vano, sus contactos le avisaron de las malévolas intenciones del general Cneo Pompeyo Magnorespecto al tiempo que le quedaría de vida en el caso de perder la contienda que mantenían por sus posesiones.

 

Pensaba que esta actitud de consumir venenos a pequeña escala conformando así lo que en su honor luego se llamaría mitridato le posibilitaría salir indemne ante cualquier sustancia que le obligaran consumir para acabar con su existencia.Quiso la desgracia que al sentirse ya acorralado decidiera quitarse la vida tomando una letal preparación para que su trágico fin no fuera tan desgarrador como desearía el enemigo, pero la muerte no llegaba pues su organismo estaba inmunizado por la gran cantidad de antídoto ya consumido y asimilado. No tuvo otra alternativa que pedir a uno de sus oficiales la pronta resolución a través de un certero golpe de espada. Dice la leyenda que había encontrado el antídoto perfecto…


Este hecho reconocido y aumentado posteriormente por los romanos favoreció que los emperadores a partir del siglo I aC adoptaran como norma consumir también cantidades mínimas de distintos venenos aderezados con miel con el objetivo de volverse inmunes a ellos. El mitridato empezaría luego a aparecer en escritos hasta el punto de ser mejorado  por Andrómaco el Viejo, médico de Nerón y por el propio Avicena conformando las “tríacas” medievales de tanto uso por los facultativos tras la llegada a Europa de las letales y dispares epidemias de peste.

 

Se atribuye a Sabina la frase de: “Nada más caótico que encontrar el veneno, el antídoto, la herida y la espina en la misma persona”. No sé si querría vaticinar la personalidad de cualquier posible candidato a  gobernar este complejo país…