Vivimos tiempos en los que valemos tanto como la información que de nosotros tienen otros. Son unos “otros” que caminan entre la desdicha de lo legal y la incomprensible falta de respeto por el tiempo de ocio o trabajos de las personas.

A cualquier hora, en cualquier sitio, llegará la molesta llamada. La funesta propuesta de que cambies de operadora de telefonía, de compañía de seguros o de tantas otras cosas en las que el telemarketing, siempre tan denostado, se ha hecho un hueco en la última década.

Paralelamente, es la época del “big data”, que ha cambiado el modelo productivo imperante hasta conformar unos nuevos ricos que forjan su fortuna a base de almacenar información de cualquier índole. Asociada a ella un sinfín de datos que la complementan como la edad de las personas, su sexo, domicilio, hábitos de compra o de cuentas y tarjetas bancarias entre un sinfín de connotaciones en conexión con cada ser humano.

Sea por lo que sea y pese a quien pese, conforman ya una nueva clase de plutócratas que, en múltiples casos, conformaron no hace tanto sus incipientes negocios trabajando en las cocheras de sus propias casas. 

Tal es el caso de los creadores de Apple, Microsoft, Google o Amazon entre los más conocidos que no han hecho sino corroborar la teoría del “gran sueño americano” del historiador James Truslow Adams cuando afirmaba en el año 1931 que: “La vida debería ser mejor, más rica y plena para todas las personas, con una oportunidad para todo el mundo según su habilidad o su trabajo, independientemente de su clase social o las circunstancias de las que proviene.

”Es curioso que estos modelos de negocio centrados en el cliente y no en el beneficio, al final son los que mayores réditos ofrecen a sus creadores. Frente a ellos el potencial competidor que supone la industria china, ahora mermada por el malévolo coronavirus del que no se saben sus orígenes ni sus destinos.

Siempre me resultó curioso el caso del profesor de inglés Jack Ma, un chino que ha sabido convertirse en una de las personas más ricas del mundo al crear el portal Alibaba. Su teoría empresarial la basa en un estilo de vida en el que expone que “la actitud hacia el trabajo y las decisiones que se toman son más importantes que las propias habilidades”. 

Negocios de futuro en los que no se trata de competir por precio, sino en servicios e innovación. Lamentablemente nuestros datos, cada día más al descubierto. El legislador, siempre se quedará corto con cualquier norma que los blinde.