Se celebraba este lunes  2 abril el Día Mundial de Concienciación sobre Autismo, lo que viene a significar  un llamamiento a la sociedad para que adopte el compromiso de favorecer la plena inclusión de las personas que lo padecen, habida cuenta de las enormes dificultades de comunicación social que conlleva una discapacidad que parece afectar ya a uno de cada ciento cincuenta  individuos.
 
Sorprende con satisfacción que cada vez sean más numerosas las  asociaciones y colectivos que velan por la creación de redes de apoyo para las personas con Trastornos del Espectro del Autismo (TEA). Sin duda, en un estado de bienestar como el que disfrutamos, toda ayuda  es poca y se hace necesario un empuje institucional intenso y a la vez duradero en el tiempo. No se trata por tanto de fotos de un día, sino de contar con los suficientes recursos que permitan –a tantos padres y madres ejemplares– hacer valer los derechos de sus hijos y satisfacer las profundas necesidades que acompañan a esta discapacidad psicosocial detectada en 1943 por Leo Kanner.
 
No debe ser pues  una utopía la materialización  del objetivo de que estas personas,  sea cual sea su edad,  puedan llevar una vida digna,  integradas, respetadas  y reconocidas por los demás ciudadanos. 
 
Por lo general, los docentes trabajamos viendo de cerca  las distintas manifestaciones y grados que este trastorno presenta desde su detección en edades tempranas, admirando con ello la labor de nuestros compañeros coordinados por los equipos de orientación educativa. A pesar de todo, lo que realmente es  digno de reconocer es la capacidad de transformación, fortaleza  y lucha de esos  padres, hermanos y abuelos que tanto cariño despliegan.
 
Nuestro compromiso no debe estar únicamente en  el mero reconocimiento, sino en dar nuestro apoyo  para que dejen de existir barreras ante cualquier discapacidad minimizando con ello la percepción del problema adaptativo. Nunca estaréis solos…