Desempolvaba hace días textos y fotografías de un pasado ya no tan reciente vinculado a la comunicación local cuando me encontré con la imagen de Miguel Martín en una de aquellas primeras  ruedas de prensa  organizadas desde la alcaldía a finales de la pasada década de  los ochenta. Llevaba mucho tiempo sin saber de su vida y debo confesar que me produjo gran alegría saber que este “maestro de las ondas” se encontraba bien y con una magnífica lucidez. Aprecié su  agradecimiento por sentir la llamada de un amigo y me alegró enormemente comprobar que la fortaleza de su memoria había permanecido intacta y  haciéndose respetar por el irremediable paso de los años. Me confesaba que seguía con los mismos gustos de siempre: leer, escuchar música  y pasear, aunque esto último decía que ya era historia. “Amigo Pepe, a mi edad recordar es volver a vivir”, afirmaba.

Fue Miguel un verdadero ejemplo de periodismo “con clase”, al modo de su referente Matías Prats, quien como él llegó a las ondas desde otro sector, sin ser periodista, pues la carrera no se regularía en las facultades hasta el año 1971. Hombre  prudente y riguroso a la hora de informar sobre el día a día antequerano hasta el punto de nunca granjearse enemistades, sino más bien ser el fiel acompañante y amigo de muchas  amas de casa y negocios en los que poner Radio Antequera, era tan habitual como recoger el  pan por las mañanas.

Fue colaborador además de El Sol, firmando con el pseudónimo de Dumbo, ya que hasta ironizaba por la forma de sus propias orejas. Son imborrables para mí  sus peculiares  noticias cortas llamadas “Pinceladas del día, por Afortunado”, reforzando su idea de hombre agradecido con la vida.

Llegó  a las puertas de Radio Antequera  allá por 1958 como un joven que competía por la plaza con una decena de candidatos. Su voz diamantina, su cultura  y su afabilidad no dejaron lugar a la duda en  la dirección del medio y muy pronto entró  a formar parte de la plantilla con un sueldo de mil doscientas pesetas mensuales. Eran tiempos en los que se cerraba la emisión a las 12 con el obligatorio “¡Viva Franco,  arriba España!” y su correspondiente himno nacional, cosa que supongo no era liviana para el hijo de un sargento republicano. Aquella EAJ26 cuya noticia sobre su creación la recoge ya este semanario en el número 479 del 15 de enero de 1933, acabaría pues  seleccionando un cuarto de siglo más tarde a nuestro personaje. 

Miguel Martín, este malagueño del Barrio de la Victoria, pero tan antequerano a la vez, rezuma hoy todavía más sabiduría a sus 87 años. La personalidad y agudeza de su voz no envejece y se nota que su voracidad por la lectura y por las novelas de Miguel Delibes lo mantienen tan activo en su vitalidad. 

Ahora que su buen amigo y compañero Ángel Guerrero lamentablemente no está, va a resultar imposible aunar sus dos voces con la de Meli Pérez para entroncar nuevas noticias y entrevistas de fina ironía salpicadas con la música que llegaba al archivo de la emisora.

En plena época del streaming, no dejo de cuestionarme si no sería una magnífica idea grabar y emitir en la actual Onda Cero, algunas de sus magníficas  “pinceladas”. Con ello, además de ser inmortalizada en la red,  su voz recibiría el reconocimiento de una ciudad por tantas noticias y emociones emitidas desde su inmaterial atalaya sonora. La gratitud, siempre es la memoria del corazón.