La normalidad se define como la cualidad o condición de normal, y lo normal quiere decir, dicho de una cosa, que se halla en su estado natural. Lo de la “nueva normalidad”, como que un servidor no lo ve del todo natural. 

Lo natural sería que hubiésemos aprendido algo de esta pandemia. Lo normal sería ver actuaciones del ser humano dirigidas a proteger a sus semejantes. La normalidad sería no ver nunca más ni una cama ni un quirófano cerrado en nuestra Sanidad Pública por falta de personal. Lo natural sería que se apostase más en el campo de la investigación para tratar de curar enfermedades. Lo normal sería que, algo que atente contra nuestra salud, no nos volviera a pillar desprotegidos. Lo natural sería no tener diecisiete tarjetas sanitarias distintas, y sí sólo una común a todo el territorio español. Lo normal sería tener una base de datos global y común a todo el Estado.

Lo normal sería no ver mascarillas y guantes tirados por los suelos, ni cacas de perro por las calles, ni papeles ni bolsas de plástico en nuestras aguas. Lo natural sería que nuestros políticos tuviesen por bandera la vocación de servicio público que se les supone y su primer y principal fin fuese el bienestar de los ciudadanos.

Lo natural sería que nuestros niños y niñas tuviesen una educación de primer nivel, con unos contenidos consensuados por expertos en la materia y con una uniformidad de criterios de enseñanza común a todo nuestro gran país, que se enseñe igual a un vasco, a un catalán y a un andaluz.

Lo natural sería ver cada día más ciudades enfocadas a cuidar nuestro medio ambiente, menos coches por nuestras calles, más transporte público y menos contaminación. Lo normal sería que nuestro Patrimonio, nuestra monumentalidad, nuestra belleza de ciudad estuviese siempre y en todo momento cuidado y mantenido, nuestros jardines primorosamente atendidos y nuestras calles brillaran por su limpieza.

Para un servidor, esto sería lo natural, para un servidor esto sería la “nueva normalidad”, todo lo demás... es un cuento chino.