Hace mucho tiempo que oí hablar de unas cuevas, unos hipogeos, una necrópolis que se encuentra en una zona limítrofe con Villanueva de Algaidas, un enclave conocido como la loma del Viento, donde los almendros en flor sobresalen de entre un mar de olivos. Aquel “Campo Santo” de la Edad del Cobre se le conoce como la Necrópolis del Alcaide y es una de las mejores necrópolis de este tipo de toda la Península Ibérica y la tenemos aquí en Antequera. 

 

¿Una necrópolis de unos 5.000 años de antigüedad en Antequera? Y con más de 20 tumbas artificiales excavadas en la roca... Lo sé, ahora mismo muchos lectores estarán perplejos y preguntándose el porqué no está puesto en valor, os confieso que yo pensé exactamente igual y todavía lamentablemente no tengo respuesta. En cualquier país de Europa como Francia, Alemania, Inglaterra... esta necrópolis sería cuidada, atendida y protegida.

Aquella fría y helada mañana del mes de enero, decidí encontrarla... Mis referencias el arroyo de Barranco Hondo, las ruinas del antiguo Cortijo del Alcalde, un mar de olivos y un cerrillo llamado la Loma del Viento lleno de almendros  y cuyas copas sobresalen de aquel verde olivar. Como sabéis nunca utilizo el GPS, mis coordenadas son la naturaleza, los arroyos, los peñascos, los árboles... Dejé el coche junto a la carretera, en un antiguo carril de tierra y empecé adentrarme por aquel inmenso olivar, hiladas y más hiladas de olivos era lo único que mi vista alcanzaba a ver. Las ruinas de aquél antiguo cortijo no podían estar muy lejos, hasta que por fin observé entre los olivares una hendidura en el terreno, era el arroyo que me llevaría hasta el antiguo cortijo del Alcaide... De repente un griterío llegó a mis oídos, eran voces, risas... A pocos metros de mí una cuadrilla de jornaleros despachaban a gusto la ‘descansá de la fuma’.

“¡Buenos días!”, les grité con fuerza, esperando que mi voz les avisara de mi presencia. Extrañados y con cara de asombro me miraron, el silencio en la cuadrilla de aceituneros reinó por un instante... Ante  ellos, un joven con mochila a la espalda, la canon al cuello y con unos bastones en mitad del arado, mi maltrecha columna necesitaba apoyo aquel día y aunque el dolor fuera inaguantable, las ganas de encontrar y conocer  aquella necrópolis eran superiores... El más alto de la cuadrilla me respondió enseguida, su voz era tosca, pero a la vez amable y honrada. Les pregunté por unas cuevas excavadas en la roca de la Edad del Cobre y que tendrían que estar cerca de este olivar, pero sus caras de sorpresa por la pregunta y su absoluta ignorancia y desconocimiento sobre un lugar a priori tan importante me desconcertaron por completo. 

Tengo que confesar que me quedé  perplejo y con un enfado interior bastante importante... ¿ Y si me había confundido de lugar? ¿Y si aquellos jornaleros no tenían culpa de mi equivocación…? Pero de repente una voz de mujer se elevó de entre el murmullo de la cuadrilla: “Sí, hombre, el muchacho lleva razón, esas son donde Paco sacó los huesos...”. La cuadrilla empezó a gritar al unísono: “¡Paco, Paco ven para acá...!”. Fue cuando me di cuenta que a unos 100 metros se encontraba otra cuadrilla y, mientras en mi cabeza, se repetía una y otra vez: “donde Paco sacó los huesos”. No me podía creer lo que estaba oyendo, mil preguntas luchaban en mi mente, pero ninguna con repuesta... ¿Cómo en pleno siglo XXI uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de Antequera podía estar siendo expoliado? ¿Por qué no tenía vigilancia?

Entonces llegó Paco, los compañeros de faena lo habían puesto al corriente, mientras yo me seguía haciendo mil preguntas...  “Tiene usted que seguir el arroyo hacia abajo, hasta llegar al antiguo cortijo y luego busque los almendros en el cerrillo,  entre los olivos, no tiene pérdida…”, me dijo amablemente y con una sonrisa en la cara, mientras yo seguía perplejo por la situación. “Pues mi cuñado y yo hasta saquemos un anillo de plata”, aquella fue la puntilla que me terminó de “matar”. “Mire qué bien, ¿verdad?”. Fue lo único que llegué a poder responder...

Les di las gracias y aunque intenté aguantar el tipo, mi semblante me delataba y creo que ellos se dieron cuenta, ya que me preguntaron si era de la Junta de Andalucía o algo así... No, no preocuparos, es para visitar las cuevas y posteriormente hacer un vídeo para mi canal de YouTube y dar a conocer este yacimiento arqueológico tan importante. 

Cuando reanudé la marcha,  los jornaleros me desearon suerte y que los avisara cuando el vídeo estuviese terminado. Enfilé el arroyo con el paso firme que mi espalda me permitía y no mucho más allá encontré las ruinas del antiguo Cortijo del Alcaide, ahora sí que aquella necrópolis estaba cerca, muy cerca. Ahora mi mirada estaba fija en el cerrillo que tenía enfrente de mí, ya podía divisar los almendros entre aquel mar de olivos y si ahí estaba la Loma del Viento, un “oasis” de arenisca, despoblado de vegetación en todo su entorno y lleno de cicatrices a modo de tumbas excavadas en su piel erosionada por los milenios… Recuerdo como una emoción indescriptible  recorría todo mi cuerpo, al poder contemplar y tocar aquellas tumbas donde nuestros ancestros de la Edad del Cobre realizaban sus rituales de enterramiento con inhumaciones colectivas, por un momento sentí aquella magia hoy olvidada…  

La Necrópolis del Alcaide se compone de 21 cuevas artificiales excavadas en la roca,  con corredores simples, que nos recuerda sin duda y guardando las distancias al Tholos del Romeral, dicho corredor simple termina en un sepulcro o hipogeo de planta circular o ligeramente elíptico donde se llevaban a cabo los enterramientos, estos sepulcros podían ser simples o con cámaras secundarias unidas por puertas excavadas en la roca al mismo nivel o incluso inferior, y a veces incluían nichos y siempre serrados con una cubierta abovedada. Lo que nos demuestra una vez más, que las comunidades de las tierras de Antequera en época megalítica y posteriormente en el Calcolítico, eran comunidades ricas, inteligentes, desarrolladas, con un comercio próspero y avanzado, pero sobre todo con un culto, un respeto, una adoración y un amor por sus semejantes y su entorno, que ya quisieran algunos pueblos y culturas de la actualidad… 

Contaros que la perfección en la construcción de los hipogeos es digna de ser contemplada, con cámaras que se comunican entre sí,  puertas rectangulares perfectas labradas en la roca, bóvedas, dinteles, cámaras a distinto nivel separadas por perfectos escalones. Cuando entras dentro de una de estas tumbas de 5.000 mil años de antigüedad y tocas su suelo, sus paredes… es cuando te das cuenta del verdadero legado que nos han dejado nuestros ancestros y que es nuestra responsabilidad el cuidado y protección de su herencia milenaria.

La primera vez que Antequera tiene conocimiento oficial de la necrópolis del Alcaide se remonta a los años 40 del pasado siglo y nos llega de las manos del gran Simeón Giménez Reyna, delegado provincial de Excavaciones y posteriormente de Bellas Artes, en su obra “Memoria arqueológica de la provincia de Málaga hasta 1946”, uno de los mayores protectores de los monumentos megalíticos antequeranos y por desgracia el gran olvidado para la inmensa mayoría. Desde entonces son innumerables las excavaciones realizadas en la necrópolis, destacando las campañas de excavación de la Universidad de Málaga en los años 1976, 1986, 1987 y 1990 participando en dos de ellas nuestro antequerano adoptivo y director del conjunto arqueológico Bartolomé Ruiz González.  

Así como el numerosísimo  material bibliográfico publicado, de tal volumen que para los propios arqueólogos llega a ser un auténtico puzzle sin cohesión y es que tenemos que recordar que de las cinco primeras cuevas que da a conocer Simeón Giménez Reyna, la cifra de cuevas artificiales encontradas aumenta hasta las veintiuna. 

Os puedo contar que el número de piezas arqueológicas encontradas en la necrópolis del Alcaide es numerosísimo, desde piezas en sílex, metal, piedra pulida, platos, cuencos, fuentes, ollas, cuernecillos en arcilla, raspadores, buriles, hachas pulidas en distintos materiales, puntas de flechas, cuchillos y puñales de cobre, objetos de plata y oro, conchas, colgantes, collares, y un largo etcétera… que ojalá podamos algún día contemplar en el nuevo Museo del Sitio Dólmenes de Antequera.

Referente a los restos humanos la cueva número 14 es una de las más importantes, ya que  presenta un enterramiento colectivo de al menos 32 individuos desde infantiles hasta la categoría de maduros (60 años en adelante). La importancia del estudio de estos enterramientos colectivos es vital para entender  y comprender los rituales y patrones funerarios en la “Cultura Argárica”  y la jerarquización social en la Andalucía de la Edad del Bronce. La Necrópolis del Alcaide es referente para el estudio tipológico de los enterramientos colectivos en los periodos del cobre pleno y el bronce pleno en multitud de universidades españolas y extranjeras. 

Por último contaros que en el año 1981 la necrópolis del Alcaide es declarada Monumento Historico-Artistico y Arqueológico Nacional y en el año 1996 fue declarado BIC (Bien de Interés Cultural). Y ahora yo me pregunto: ¿y para qué ha servido? No cuenta ni con una miserable valla de protección, está en una propiedad privada, no tiene ningún tipo de control de acceso ni de seguridad, los tractores pasan por encima de la necrópolis, está expuesta al saqueo y expolio sistemático por los amigos de lo ajeno… y mejor no sigo… 

Ahora imaginar la necrópolis puesta en valor, cuidada, protegida y atendida, creando empleo (guías, transporte, vigilancia, mantenimiento, investigación…), dando a conocer otro enclave más de nuestro importantísimo patrimonio megalítico. Por cierto a los pies de la necrópolis existe un poblado de la Edad del Cobre y en las ruinas del antiguo cortijo del Alcaide unos megalitos con grabados esquemáticos…