La primera vez que oí de hablar del Mausoleo de La Capuchina, fue por mi gran amigo y compañero de rutas José Sevilla, un profesional de la seguridad como pocos y que en estas fechas de lucha contra el impecable COVID-19, sigue al pie del cañón dando toda su experiencia y arrojo en nuestro Hospital de Antequera.

Recuerdo sus palabras tal cual: “Que si Miguel que cerca de Mollina entre olivos existe una tumba romana grandiosa, tienes que ir averiguarlo…”. Sabedor como pocos de mi pasión por la arqueología, lo oculto y los retos… era consiente que sus palabras serían un acicate para mi persona.

Por aquellos tiempos nuevos proyectos absorbían mi tiempo libre, pero las palabras del amigo Sevilla las seguía teniendo en mente. Me encontraba sumergido en dar a conocer  a todos, los nacimientos de agua del Torcal, la Laguna de la Cantera, las trincheras de la Guerra Civil en Antequera y mil historias más…  pero como diría el gran Benjamín Franklin: “Pues si amas la vida no malgastes el tiempo, porque el tiempo es el bien del que está hecha la vida” y un día sin más me puse manos a la obra.

Muy pocos datos tenían sobre aquel monumento, que se encontraba cerca de Mollina y entre olivares y sobre todo que era grandioso. Una de las herramientas que utilizo con más frecuencia es Google Earth,un programa informático que muestra un globo terráqueo  virtual y que permite visualizar múltiple cartografía, con base en la fotografía satelital y entre medio de un mar de olivos, una estructura gigantesca y que desentonaba con el verde olivar de nuestra comarca. Sin duda no podía ser otra cosa que los restos de aquel oculto mausoleo. A la mañana siguiente ya tenía todo mi equipo preparado, cámaras fotográficas, baterías, mochila… pero sobre todo muchísima ilusión por encontrar aquellos restos arqueológicos tan desconocidos y olvidados.

En mis rutas nunca utilizo el  GPS, soy de los que pienso que si fijamos la vista en una pequeña pantalla, perdemos sin duda la belleza que nos rodea y qué belleza amigos. Me encontraba por un carril de tierra, bordeando la Sierra de la Camorra, con sus mil cuevas y cimas llenas de vestigios prehistóricos, ya hacía un buen rato que había dejado atrás las ruinas romanas del Fortín del Capiruzón o Fortín de Santillán un antiguo asentamiento defensivo Romano, pero esa es otra historia. 

Sin darme cuenta y absorbido por la belleza que me rodeaba, pronto me encontré sumergido en lo más profundo de un mar de olivos centenarios, hiladas y más hiladas de olivos… pero nada de aquel mausoleo, hasta donde la vista me llegaba solo veía el verde olivar, mis pasos me dirigían hacia Antequera y mi referente el Torcal, el cual se elevaba entre aquel mar de olivos y entonces un ruido extraño, un ruido que desentonaba con aquel espectáculo para los sentidos, me desoriento por un momento era el ruido de un motor. Ante mí un todoterreno y del cual se bajaba un señor alto y delgado y de facciones agradables que me miraba extrañado:  “¿Le puedo ayudar en algo?”, me preguntó con una amabilidad y cordialidad que reconfortaba. Le expliqué que estaba buscando el Mausoleo de la Capuchina y con una sonrisa en el rostro me dijo: “Sigue unos diez metros más y ahí mismo lo tienes”, me dijo que era normal que no lo viera, ya que aquellos olivos centenarios lo tapaban todo, también me contó que era el encargado de la Bodega de La Capuchina, un cortijo dedicado al cultivo de la vid, cercano  al yacimiento arqueológico y que el nombre de la Capuchina lo habían tomado del mausoleo, nos despedimos y seguí los pasos hacia aquel misterioso yacimiento.

Efectivamente unos pocos metros más adelante mis ojos contemplaban una especie de edificio en ruinas, con grandes lienzos de “Opus Caementicium” el hormigón de Roma, el hormigón del mayor imperio conocido por el hombre y que inexplicablemente todavía mantenía en pie aquellas paredes. Me aproximé lo más deprisa que pude por el suelo arado de aquel olivar, soltando la mochila y la cámara, mi único anhelo tocar aquellos antiguos muros…  muros de más de 2.000 mil años de antigüedad y que prácticamente eran unos desconocidos para nuestra Antequera y su comarca.

Me encontraba ante un monumento funerario aislado, aunque muy probablemente fuera parte de una necrópolis privada. Sería pues propiedad de un señor que pertenecía a una clase social alta  y perteneciente a alguna villa romana por descubrir. Para que los lectores se hagan una idea nos encontramos en mitad  de un olivar entre tierras de Antequera, Alameda y Mollina.

Originalmente y por lo que hemos podido saber, después de las intervenciones arqueológicas llevadas a cabo en la década de los 80, el Mausoleo de la Capuchina es un monumento funerario de forma rectangular de 6,45 metros en sus lados más largos y 4,65 metros en los más estrechos, de dos plantas y una cripta o basamento y una planta con cubierta simple a dos aguas. Durante las excavaciones realizadas y en el interior de la cripta, se encontraron restos de cerámica como fragmentos de ollas, orzas, platos, y otros utensilios funerarios…  además de hebillas, dedales, campanillas… Estos restos están depositados en el Museo Arqueológico de Málaga.

Todavía hoy siguen en pie los muros laterales del mausoleo y que me llegaron a sorprender enormemente. El muro de la izquierda está conservado a 3,9 metros de altura y el de la derecha, 3,8 metros, posiblemente sus muros estaban recubiertos de un fino estuco, el cual le daría la imagen característica de los mausoleos romanos y muy, muy diferente de la que nos ha llegado hasta nuestros días.

Contaros que esta joya de la arquitectura romana, está datada cronológicamente en época de los Antoninos, la segunda mitad del siglo II d.C. Lamentablemente es propiedad privada… lo sé, ahora mismo os estáis llevando las manos a la cabeza preguntándoos el porqué, solo os puedo decir que la Peña de los Enamorados es patrimonio  mundial de la humanidad y también es privada, algo ilógico… Siguiendo con La Capuchina os puedo decir que ni siquiera tiene la calificación de Bien de Interés Cultural, el llamado “BIC”. 

La conservación del mausoleo no es la mejor ya que se encuentra en tierras de intensa ocupación agrícola y en las proximidades de un arroyo que en épocas de lluvia se desborda inundando y enfangando el monumento, a todo esto tenemos que sumar la multitud de madrigueras de conejos y liebres con el consecuente deterioro de la estructura, los expolios sistemáticos y la ausencia de una miserable valla.

Ojalá este articulo sirva para poner en valor este otro monumento  olvidado durante años y nuestra Comarca de Antequera con sus pueblos de interior puedan decir orgullosos que poseen uno de los pocos mausoleos romanos existentes en Andalucía. 

En estos momentos duros de confinamiento y sabedor que no podemos salir de nuestros domicilios, deciros que si queréis conocer un poco más del Mausoleo de la Capuchina lo podéis encontrar en mi canal de YouTube  “Antequera Oculta”.