Una dieta que se considere equilibrada debe contener entre otras cosas un aporte adecuado de fibra alimentaria. Como es bien conocido la fibra alimentaria se encuentra presente en las verduras, las frutas, las legumbres y los cereales.

 

El ser humano no dispone de encimas para poder digerir la fibra alimentaria, no obstante las bacterias que están presentes en el intestino sí pueden actuar sobre ella produciendo su fermentación. Por este motivo el consumo de fibra alimentaria produce un aumento de gases y flatulencia. Aun así, no debemos de olvidar que son numerosas las acciones beneficiosas que la fibra alimentaria tiene sobre nuestro organismo.

 

Por un lado, la importancia de la fibra alimentaria reside en que aumenta la velocidad de tránsito del contenido intestinal. Por esta razón la fibra alimentaria es muy útil en casos de estreñimiento, siempre que se aumente también la ingesta de agua. Por otro lado, la fibra alimentaria disminuye la absorción de glúcidos y grasas presentes en la dieta, por eso se debe utilizar en casos de diabetes e hipercolesterolemia. También la fibra alimentaria aumenta la sensación de saciedad, siendo muy útil en los regímenes de adelgazamiento.

 

Además las últimas investigaciones indican que la fibra alimentaria ayuda a prevenir algunos tipos de cáncer. Aunque la fibra alimentaria no aporte ningún nutriente a nuestro organismo, son evidentes los beneficios que obtendremos si aumentamos su consumo en nuestra dieta.

 

Existe una gran variedad de alimentos con alto contenido en fibra alimentaria, así por ejemplo las ciruelas, las alcachofas, las almendras, las uvas pasas, el melocotón, las avellanas, las frambuesas o las aceitunas contienen bastante fibra alimentaria. Una vez mas ese gran tesoro que constituye nuestra dieta mediterránea nos ayudará a mantener un buen nivel de salud. Si lo pensamos bien puede ser muy recomendable compartir momentos culinarios con aquellas personas que verdaderamente merecen la pena.