Trama de alguna que otra famosa película, la agorafobia constituye en su conjunto un trastorno bastante peculiar y sobre todo muy incapacitante para la persona que la sufre.

Debemos de tener claro que la agorafobia se produce en aquellas personas que tienen miedo a los espacios abiertos (campos), a las multitudes (centros comerciales) y a sitios concretos como por ejemplo los puentes, túneles u otros lugares similares.

Este miedo se sustenta porque el individuo piensa que de esas determinadas situaciones no puede escapar fácilmente y tampoco puede recibir ayuda de ningún tipo. La situación se complica un poco más porque además puede ir acompañada de otros trastornos de ansiedad, ya sean trastornos de pánico u otras fobias específicas. Los síntomas que se presentan son muy variables, además de la ansiedad y los ataques de pánico estas personas no quieren estar solas, no quieren salir de casa y tienen pensamientos desordenados. Físicamente sufren mareos, vértigos, taquicardia, sudoración excesiva, palpitaciones, hipertensión, náuseas y vómitos.

 

De esta forma, las personas con agorafobia pueden pasar largos periodos de tiempo o incluso años sin salir de sus casas, con las consecuencias sociales, laborales y personales que situaciones de este tipo conllevan. Siendo más habitual en mujeres, el tratamiento farmacológico utiliza antidepresivos y ansiolíticos, entre otros psicofármacos.

Es fundamental la psicoterapia, utiliza técnicas como la Desensibilación Sistemática o la Sobreestimulación que son muy útiles contra las fobias. Hay que entender que patologías como esta tienden a ser crónicas, pero suelen responder bien a tratamiento. Para acabar saludo a aquellas personas que recientemente se han incorporado a su puesto de trabajo: admiro su fuerza de voluntad y su lealtad.