Ahora resulta que ningún otro hecho, ni siquiera la Ilustración, tuvo en la Historia de Occidente impacto de más hondo calado que la Reforma protestante. Elvira Roca Barea (léanla), muestra cómo la máquina de propaganda luterana estuvo, desde el primer día, comiéndonos la moral (leyenda negra), con nuestra más que acomplejada colaboración. Hasta hoy mismo.

 

Pero, siendo la Reforma una ruptura cuya causa (¿o pretexto?) fue de índole religiosa, lo dicho por un historiador –por más documentado que esté– no debe ignorar la vertiente teológica… pues cada credo creó sus creyentes. El más grande de los teólogos protestantes modernos (Karl Barth), resume así la diferencia: “Lo que separa a católicos y protestantes es una palabra sumamente pequeña: la conjunción Y”: Donde los protestantes dicen “solamente” (…la Escritura, la gracia, la fe, Cristo); los católicos añaden “y”: (la tradición, las obras, la Iglesia, María…). 

 

Así, mientras el citado teólogo considera herética la interpretación católica del “sí” de María al ángel, desde este lado se entiende como la mayor deferencia que Dios haya podido tener para con lo creado: contar con el humano como su interlocutor. Más aún: no sólo la condición humana; hasta la humilde agua, el aceite, el pan…y, unas pobres palabras, obran el milagro sacramental de mediar entre esto y lo Otro.

 

Porque, si lo creado nunca pudiera ser instrumento de lo divino, como afirman, ¿qué sería de la Encarnación? En la teología protestante sigue siendo un problema no resuelto. En cambio, nuestra católica “Y”, la más breve, pero también la más inclusiva y valiente de las palabras, al hacer a Cristo Dios-y-hombre, con todas sus implicaciones, transfiere a la materia y al hombre un plus de “humanidad”.

 

Creer es optativo; pero puesto uno a dejarse seducir, mejor por lo que tiene más gracia. Y basta un clérigo como los del cineasta Ingmar Bergman (su propio padre), o leer Poeta en Nueva York, para salir corriendo hacia el Sur católico: En términos de humanidad, esto le da cien vueltas… a pesar de sus políticos y sus capillitas. Así que menos cuentos.