Ayer quise ver en televisión una película sobre Isabel Primera de Inglaterra  (Elizabeth –la edad de oro–), más que nada porque era Cate Blanchett la protagonista y estas recreaciones históricas suelen ser muy cuidadas; tiene óscar al vestuario. Tuve que dejarlo: Jordi Mollá hace un Felipe II que no es para echarse a llorar, sino lo siguiente. A él, con guantearle no hubiera bastado: Toda la luz, las risas y las rubias, para la corte inglesa. Para la nuestra, la más siniestra oscuridad de curas alucinados y el tonto del rey con sus piernecillas estevadas y tres o cuatro rosarios en la mano. Para vomitar. 

Días atrás pasó otro tanto con “Fuego Verde”; una de aventuras: el enterado de Stewart Granger buscando esmeraldas en la selva centroamericana. No más entrar en la vieja mina tropieza su pie con un morrión, el casco de los conquistadores. El desprecio con que lo miró y arrojó al suelo bastó para que le enviara una maldición virtual. Mi tío Antonio hubiera arrojado su bastón al televisor. 

Finalmente: hará un mes pusieron en la 2 uno de esos documentales de la BBC que, si son de naturaleza o viajes, suelen ser buenos. Éste (“Los reinos perdidos de Sudamérica”) nos llevaba al pueblo andino de Chachapoyas, al norte de Perú. Cuando el reportero con sombrero y machete a lo Indiana Jones empezó a hablar de los saqueadores españoles ya tenía yo el mando en la mano, pero no le mandé callar hasta que –enfocando una iglesita de pueblo con su cruz a la puerta– hizo con la cámara el picado más siniestro, con musiquilla como de Inquisición ¡So indecente!: ¿no nos has mostrado momias de doncellas sacrificadas a los dioses? ¿No ves bien que, por variar, sea el Dios cristiano mismo quien se entregue a los hombres? ¿Ignoras que esos pueblos andinos, sobre todo los mapuches de Chile, lucharon contra sus libertadores por seguir siendo españoles? 

Pobre España: ¿Llegará el día en que a tus políticos escuezan menos los desafectos presentes que la desafección histórica que, cinco siglos de fake news, ha depositado en las mentes de propios (eso es lo malo) y extraños? Ya hay algunos como Serafín Fanjul o María Elvira Roca –leedlos– que se niegan a seguir haciendo de chacha… (¿O, era gili…?)