Sigan peleándose. Agoten todos los medios para ver quién sale vencedor en esta pelea. Convoquen reuniones, manifestaciones y publiciten cuánto puedan, pero es un hecho, cada vez más frecuente, las agresiones hacia el diferente. Unos cuantos envalentonados, quizá sobrepasados de alcohol u otras sustancias, no pueden atentar contra una vida humana porque piense o se manifieste de manera distinta. 

Es un problema de todos, de una sociedad que le está faltando madurez para encajar, con plena libertad, lo que le gusta a cada cual. No hay que aguantar ni esconder, la vida ha evolucionado y las paredes ya no tapan, se han vuelto transparentes y todo cuanto estaba escondido, se ha hecho visible. La hipocresía y el disimulo van perdiendo la partida a favor de una sociedad más atrevida y diversa. A esto hemos contribuido todos y de la misma manera, hemos de condenar las palizas a homosexuales, se manifiestan como sienten, sin más.

 Pero no metan por medio a los inmigrantes, rehúso escribir inmigranta, si no quiero ganarme la reprimenda de mi amigo, Juan Benítez, no es justo. Conozco a muchos en Antequera, de ambos sexos. Pues, estas personas, venidas de lugares y culturas diferentes, se han buscado un hueco en nuestra ciudad y lo mismo sucede en cualquier lugar de España donde se hayan podido ubicar y luchan, lo mismo que nosotros, por vivir con decencia y libertad. Traen una mochila de historias tristes, llenas de miedos, injusticias y estrecheces. Y tienen todo el derecho del mundo a soñar y buscar un lugar donde vivir tranquilos. Si nos pusiéramos, tan solo un momento, en lugar de ellos, entenderíamos sus razones para querer quedarse entre nosotros. Y también rezan por nosotros. Están abiertos algunos de nuestros conventos gracias a sus generosidades. 

Exijamos un poquito más a quienes nos dirigen y seamos menos bobos cuando traten de enredarnos en peleas de culpables e inocentes. Trabajar hasta la erradicación de cualquier agresión, los culpables son los que la llevan a cabo.