En el último instante, he cambiado mi artículo semanal. A lo largo de los años, pocas veces, he tomado esta decisión de última hora. Ha sido producto de la cotidianidad. Es muy habitual, que cualquier ama de casa, como es mi caso, en cualquier mañana, se dirija, a más de un establecimiento para el abastecimiento de la familia. Nada tendría de particular este hecho, si no fuera por las papeleras que flanquean la entrada, y recuerdan que son las depositarias de los plásticos usados. No es ninguna tontería observar que, a poco más de las diez de la mañana, sabiendo que al  día  le quedan muchas horas de actividad comercial, estén repletas de plásticos y papeles embadurnados de gel. 

Es posible que sea absolutamente necesario, pero la pregunta que nos ronda es: si el gel es protector, porqué hay que utilizar tanto guante sabiendo que tardan demasiado tiempo en degradarse. Se sabe de sobra que es un buen aislante y sus costes de producción son muy bajos. En cambio, se habla menos, casi ni lo justo, lo que cuesta hacerlo desaparecer. Guantes y bolsas de plásticos, las pequeñas, que no se cobran, se consumen a un ritmo de vértigo. Seguro que todos los comercios cumplen estrictamente las normas, vacían los contenedores, atiborrados,cuantas veces sean necesarias. 

El siguiente paso, saber a dónde van esos deshechos buscándose hueco entre los del día anterior,  siempre presionados por los que vendrán detrás. La planta de incineración cumple su cometido, pero no es infrecuente que deje residuos. El reciclaje es más lento y nos falta mucho que aprender para obtener buenos resultados. España tiene población para ocupar muchas ciudades como Antequera, más de mil. Se hace difícil imaginar cuánto plástico necesitamos cada día. Los expertos alertan que en pocas décadas habrá más plástico que peces en los océanos. Al ritmo que vamos, no cabe equivocación.