Le vino grande las bodas de plata. No es fácil, hasta se resiente el alma cuando hay que dejar atrás tantas cosas buenas que ha costado levantar bastante tiempo, esfuerzo, e ilusiones. Cerrado “sine die” no hay letrero en la fachada ni cartel que avise de una hipotética apertura. Ahora mismo todo es oscuro y no se vislumbra ningún futuro a corto o medio plazo. 

A mediados de los noventa, cuando Antequera comenzó a ponerse preciosa, y los barrios mejoraron sus accesos y embellecieron su entorno, surgen las asociaciones vecinales con una conciencia clara de pertenencia a la ciudad. Una respuesta colectiva para buscar el bienestar entre los vecinos. Orgullo de saberse necesario y reivindicaciones para que la mejora de vida del barrio sea una realidad, son las principales armas de partida de las que se vale un grupo.

Una tarde de enero del 2018, en el programa Andalucía Directo, la asociación antequerana del barrio de San Juan, que es el más antiguo de la ciudad,  aparece delante de las cámaras pidiendo ayuda para que su farmacia no la trasladasen a otro lugar. Se explicaron con mucha elegancia y no dejaron de reconocer, en ningún momento, que el farmacéutico podría tener mejoras económicas más importantes, ubicando su establecimiento en un entorno con mayor núcleo de población, ya que San Juan apenas contabilizaba los 1.000 vecinos, pero no estaban dispuestos a quedarse sin la farmacia que formaba parte de sus vidas y entorno,  la farmacia de la salud y de las aguas como reza,  en la parte de arriba,  sin olvidar que la mayoría de ellos de edad avanzada y la inaccesibilidad donde se enclava el barrio, no facilitaba la movilidad. Y consiguieron dejar la farmacia cerca de todos. “El que no llora, no mama” es una realidad tan extendida, tan arraigada, que el silencioso se queda suspirando en el rincón del olvido del que nadie lo va a rescatar.

Ese espacio que han venido reclamando durante un cuarto de siglo, donde han sabido hacer visible todas sus inquietudes y sus deseos de colaborar en una ciudad para dinamizarla y ofrecerle soluciones, va a ser ocupado por la nostalgia. No hay continuidad, quizá sea difícil en la sociedad de hoy buscar lugares donde la gratuidad y el compromiso con los demás, sea las mejores aspiraciones. Una  gran familia que ve espaciar sus contactos, acaba sintiéndolo.