El Editorial del Sol trajo la semana pasada una serie de preguntas que todos tendríamos que hacernos. Memorizarlas e interiorizarlas para quitarnos la indiferencia y el pasotismo con que percibimos  la clase política.  Y el día que queramos darnos cuenta que son una continuación de nuestros propios deseos, de las ilusiones colectivas, puestas en un grupo para que sea capaz de conducir esta ciudad por las mejores vías, seremos mejores ciudadanos exigiéndoles que cumplan su misión. 

Que el gobierno municipal, que lo componen los veintiún concejales, no es el resultado de una pelea de gallos, donde el ganador lleva la voz cantante. Menos, barrer proyectos, sin llegar a tener la seguridad de que pueden, a medio plazo, ser beneficiosos. Se está  mano a mano de contención, como una carrera de varios años donde se persigue que el primero en llegar sea al que al día de hoy, es el adversario. La oposición parece ir al acecho de lo que pueda obtener para ir haciendo acopio y le permita ser la próxima  en erigirse la  ganadora.

Los que las autorizan se imponen y los que no pueden hacer nada, rabian. En esto se han convertido la afluencia de mesas en bares copando las vías públicas.  ¿Qué es un despropósito tanta gente en la calle? El tiempo nos lo dirá. Todos sabemos que el virus no desaparece con el calor y los brotes, rebrotes o requete brotes están al acecho de cualquiera. En Alemania aumentan los casos en Berlín y Gotinga y no es precisamente de ocupar terrazas al aire libre. 

Somos ciudad de bares y ocio. Quienes viven de ello son los únicos que deben pronunciarse acerca de la idoneidad y conveniencia de lo que pueda resultar más eficaz y llevadero. Esto no es una decisión caprichosa del alcalde, es una presión, razonada y sopesada, de quienes no tienen otro medio de vida. ¿Quién va a querer que su local se señalado por transmitir el virus? Ponerse de acuerdo los grupos, decidir qué postura tomar si viene otra empresa y la vais  a despedir con viento fresco antes de conocer todos los informes y reconocer que estáis en un pulso constante. Hay que encaminarse a buscar ideas  clarificadoras, edificantes y constructivas.