Cuesta mucho dar un mensaje de ánimo cuando estamos atenazados por el miedo. Y se agradecen todas las iniciativas destinadas a paliar el sufrimiento  que cada uno de nosotros, interioriza o exterioriza, a su manera. Lo cierto es que una realidad que no controlamos, se ha hecho dueña de nuestras vidas y destinos. Quizá sea un buen momento para decirnos lo que nos necesitamos unos a los otros.

Hemos estado mucho tiempo silenciando los actos de amor, empatía, acercamiento, sin apenas darnos cuentan. Se han priorizado el éxito, fama, poder y dinero convirtiéndolos en el reyes de nuestra existencia, si los cuales nuestra valía personal quedaba minimizada. La competitividad ha sido para demostrar riqueza. Dar signos externos de abundancia y controlar el mundo por los bienes acumulados, de forma lícita o ilícita, casi daba lo mismo, todos hemos permitido que la distinción la diera el dinero. Y olvidamos escuchar al corazón. Demasiado caso a las tripas.

Se nos pone en bandeja suplir las faltas de amor, remediar el abandono con seres queridos a los que apenas prestamos atención y nos necesitan. Buen momento para rezar por los que están sufriendo la enfermedad en la soledad completa de una sala de hospital, y para decirles a los que estamos en casa, recluidos, que tratemos de amoldar, la ansiedad e inseguridad, de estos días que transcurren con demasiada lentitud. Nos estamos poniendo a prueba, vamos a humanizarnos, hace mucho tiempo que perdimos el verdadero significado de esta palabra y tener presente nuestra fragilidad.

Ha llegado la hora de dejar de engañarnos, nuestro poder estaba cimentado sobre papel, y el viento huracanado lo rompe haciéndolo desaparecer en un instante. Y siempre la esperanza de que saldremos fortalecidos. El sol seguirá alumbrando. Y nuestro Sol antequerano llegando a todos los hogares para traernos las mejores noticias de nuestra ciudad. Gracias y suerte a todos.