La Prensa nos cuenta que en los próximos días, algunos de los antiguos dirigentes socialistas, de centro-izquierda, van a sacar un escrito a la opinión pública. Abogan por un modelo de Estado que difiere mucho del que se están intentando gestar en estos momentos. Nombres tan respetados como Joaquín Leguina o Nicolás Redondo, amén de un sinfín de destacables, quieren que la gobernabilidad de este País surja de las fuerzas constitucionales.

 

No les faltan razones para  sentir temor ante lo que parece que se avecina. Hay rechazo, perplejidad e inquietud, tanto en el plano político como económico. Y el acuerdo, si llegara a producirse, puede tener un coste que lamentaríamos todos. Para empezar, Iglesias, ha pedido Universidad. El señor Presidente, que ha moderado bastante su lenguaje, no da mucha importancia a los ministerios solicitados por Podemos, “quieren los sociales” como si estos fueran la marías de las asignaturas a las que no se les daba en nuestro tiempo, apenas valor.

 

Si entendemos la Universidad como ciencia, progreso y sabiduría, sus estudiantes se van a permear de las ideas de quienes los dirigen y qué mayor poder que tener influencia sobre la población estudiantil universitaria. Caldo de cultivo perfecto para enseñar a pensar en clave de Podemos, República, y obtener un cambio  a medio plazo de las estructuras sobre las que nos asentamos ahora. Sin pensar que también pueda servir para tener masa considerable de protesta que tambalee los cimientos más sólidos. Los jóvenes son idealistas y se llenan de la parte ilusoria de las ideas más revolucionarias Y  atrayentes. No es nada nuevo.

 

Pero también es fundamental reconducir las situaciones hasta encontrar un espacio que dé cabida a todos los españoles. Si se enseñan unas ideas, se vive en ellas, y se transmiten con mucha facilidad. Iglesias sabe lo que pide y  la forma más fácil de obtener poder es trabajar de forma constante, sin ruidos, entre una juventud que apenas han formado su personalidad y criterio. Esperemos que no se materialice.