No es de recibo los comentarios que ha tenido a través de las redes sociales. Es posible que no sea el más interesante de los que han abierto el festejo estos últimos años, tal vez peque de soso, formal, parece transmitir demasiada compostura. Reconozco ser una enamorada de la feria, casetas, sevillanas, compartir una copa al tostadero del mediodía con el bullicio de la música y la gente, es un verdadero deleite. Y el fresquito lo dejamos para invierno que esta ciudad nos regala unos meses bien despachados. 

 

Volviendo a la Real Feria, el cartel no me invita, ni arranca un ole. No lo entiendo, como tampoco me parece que el traje de antequerana, que es precioso para que se luzca en cualquier acto oficial, sea razón para convocar  a la feria. Es mi ignorancia la que no ve más allá, o quizás una actitud infantil que aún conservo y deseo que me siga motivando la feria. Y  siempre espero que el cartel me diga ¡ven!, aunque lo tenga pensado de antemano. 

 

Es cierto que casi todo está inventado, y no es fácil, después de tantas años, innovar sobre el mismo tema. Se echa en falta algo espontáneo, natural, nos estamos volviendo muy perfeccionistas, milimétricos, y cerramos un enorme espacio a la espontaneidad. Acostumbrados a no dejar nada al azar, casi nada nos sorprende y probablemente estemos esperando algo que nos cambie el chip, que invite a recorrer el camino en línea recta hacia esos días que llenamos de luz, color y alegría Antequera.

 

Olores de feria porque es cierto que tiene distinto aroma esta ciudad en sus días grandes. Y ese olor se empieza a percibir cuando se anuncia y se va haciendo intensivo a medida que se acercan las fiestas. Y envuelven a todos.Mayores, jóvenes, niños y ¿cómo no? a todas las personas que sufren alguna discapacidad. Es estupendo vivir la feria y arrancar sonrisas. Pero sigo insistiendo, la feria es revoltosa, trepidante y apasiona oír el murmullo de sus atracciones. Y se empieza a oír al mismo tiempo que a oler, y el cartel está ahí para ser testigo de la diversión que nos espera. Estamos todos apuntados.