Las mujeres muertas por violencia de género en lo que va de año, que cuando escribo, aunque dando los últimos coletazos, es enero. Y son seis también las personas que según ACNUR mueren cada día intentando tener una vida mejor. Son inmigrantes, hombres en su mayoría, jóvenes, hipotecados casi de por vida y no entienden el porqué no han nacido con unas condiciones de vida más favorables.

 

Sienten, comunican de la misma manera, sueñan, piensan, quieren, lloran y se preguntan una y otra vez porqué no pueden tener un porvenir como el de cualquiera de cada uno de nosotros si son iguales. En nuestro mundo tan civilizado se mata a las mujeres por celos, envidias, autoridad, machismo exagerado, o en algunos casos por un sentido de pertenencia tan cruel, que cualquier razonamiento resulta ineficaz. A todos nos queda la congoja de saber si se ha hecho todo lo posible para evitarlo.

 

Pero nunca estaremos dispuestos a admitir la menor culpabilidad con personas de otros países, anteponemos la disculpa. Que no vengan, traigan contrato de trabajo, que es mejor que se queden en su tierra, no es fácil que se integren y, siempre cuando alguien consigue quedarse con nosotros tiene que estarnos de por vida agradecido.

 

En febrero suele celebrarse Manos Unidas, un día dedicado a recordar y colaborar con esta ONG de la iglesia católica, que llevan muchos años repartiendo solidaridad y compromiso cristiano en todo el mundo. Saben bien los cooperantes y religiosos lo que es sacar, casi de la nada, un mínimo de subsistencia. 

 


El hambre es dueña y protagonista, pero nos cuesta trabajo entenderlo. Aquí nos sobra tanto que tenemos problemas de obesidad. Los frigoríficos, muebles y alacenas abarrotados de lo necesario y caprichoso. ¿Cómo vamos a comprender lo que no sufrimos? ¿Cómo se puede explicar a un adolescente que muchos otros no saben qué es un móvil? Cuando ellos ya han disfrutado de varios modelos y no es posible entender la vida sin el aparatito que concentra todo el día nuestra atención.

 

Seguirán muriendo mujeres, por dureza que se ejerza contra la violencia de género. Y ahogando desgraciados porque las mezcolanzas nunca las hemos aplaudido. Las rechazamos sin miramiento. Es cosa de Manos Unidas, nosotros, qué más quisiéramos, nada podemos hacer.