Hay que reconocer que la calle Duranes está cuidada, vistosa, con algunos comercios muy buenos y estilosos propios de capital, y casi todos con una estética más que aceptable. De ahí, a que se la  quiera comparar con calle Larios, hay un abismo insalvable. No tiene que ver una con la otra, salvo que ambas son peatonales y que este hecho las ha mejorado mucho.
 
Y, si me apuran un poco, las dos han lucido las fotografías de “Antequera Patrimonio Mundial”. Sí que calle Duranes ha experimentado una mejora considerable desde que yo alcanzo a ver desde mi niñez. Mis primeros recuerdos se remontan a que siendo una niña acompañaba a mi padre a comprar la carne de toro, tras las corridas, a la carnicera de Sebastián. Nada que ver con la que contemplamos en la actualidad. Un punto de inflexión importante fue su puesta peatonal en el 1984 ¡qué lejos resulta esa fecha! cuando hemos cambiado de siglo y hemos comenzado a transitar por el año dieciocho.
 
Pues en aquella inauguración, probablemente, mi paisano Gerardo Fernández, estuviera acudiendo a uno de sus últimos actos políticos. Había llegado a la vicepresidencia de la Diputación, y probablemente, su carrera política iba en la buena dirección hasta lograr metas más altas y más comprometidas con su visión de la realidad. Era un buen hombre, primero matarife, después maestro, los dos oficios los cumplía. Y siempre, cuando enseñaba en la escuela de Mollina, trataba de inculcar a los alumnos la necesidad de formación en unos tiempos que no estaba ni muy valorada y menos obligada. Le gustaba, tenía pasión por enseñar. 
 
Y lo buscaron para contemporizar y ser alcalde de Mollina en unos tiempos revueltos,  lo consiguió y de ahí el salto. Sólo que no midió sus fuerzas y estas le abandonaron en una carretera de madrugada cuando un gesto de somnolencia o un despiste pensando en su familia numerosa que estaba esperándolo en casa, lo dejó herido de muerte. 
 
El Sol me lo ha traído a la memoria. Y aunque han pasado muchos años, la calle Duranes tuvo un testigo de excepción con él, somos muchos los que de vez en cuando echamos la vista atrás y recodamos su figura menuda y su total disposición para mejorar las cosas.