Acaban de anunciar que dentro de unos años, concretamente a partir del 2022, las noticias que  circulen por la red serán la mitad falsas. Si en estos momentos se falsea y disfraza la verdad hasta límites insospechados que dañan y ocasionan un tremendo malestar en la sociedad ¿qué influencia tendrá una noticia cierta, real y contrastada, si tiene que lidiar con cientos que no lo son? Y además, si la engañosa es mucho más agradable de creer y asumir, creará un conflicto de verdadera significancia que irá modelando la opinión pública. 
 
Esto no es un concepto filosófico, ni se parte de una premisa general para llegar a la individual, ni tan siquiera un error de comunicación que puede ser aclarado, serán tantas las noticias que se irán sucediendo que puede llegar a ser casi imposible cribar la que tiene fundamento. ¿Qué nos está pasando? Pues que las masas se calientan con poquito. La respuesta a la convocatoria de huelga general en Cataluña, apenas fue secundada. Sin embargo, un grupo de estudiantes sin ganas de meterse en las aulas decidió fastidiar ese  día a quienes iban a su trabajo y lo consiguieron. 
 
Y estos jóvenes han crecido sesgados en el conocimiento de su país que no es otro que España por mucho que se empeñen en negarlo. Y siguen a unos dirigentes contando verdades a medias que van a dejar casi yerma la comunidad donde se asienta. Este miércoles, sin ir más lejos, sesenta empresas se vuelven a sumar a las miles huidas de la mentira. Han hecho sus propias leyes y han invadido el pensamiento colectivo de su territorio y han acabando creyendo que se harían verdad a fuerza de divulgarlas y lo peor, que mucha gente noble, de buena fe los han creído y ahora se sienten huérfanos sin el amparo de los organizadores del tumulto y de España, que piensan que ha ido demasiado lejos con el artículo 155. 
 
Convencerlos que hay espacio para todos es una labor titánica. Pues nos iremos preparando para cuando las falsas noticias se alternen con las ciertas y haya alguien dispuesto a aprovecharlo en su favor. Confiemos en la sensatez de quienes nos dirigen y en el Estado de Derecho.