Me gusta cada día más el aspecto que va adquiriendo la Plaza de San Sebastián y la restauración a su estado primitivo del Arco del Nazareno, va a mejorar mucho el conjunto. Totalmente entregada a la causa peatonal, ferviente defensora de limitar la circulación a lo estrictamente necesario y dar un aire de ciudad más acorde con los tiempos.
 
Es cierto que hablo con algunos comerciantes de la zona y me hacen partícipe de su escepticismo, tanto en estos momentos que sufren las obras, como en un futuro donde los coches no tendrán posibilidad alguna de parar un momento para comprar al paso. Temen por su subsistencia. Pues habrán de buscar la manera de adaptarse a los nuevos tiempos. Si nos acercamos a Málaga, lo primero es aparcar, pagando un dinero muy respetable, no digo nada si es al aeropuerto. Y todos los recados y compras a pie. Se pasa el día caminando de acá para allá y nos acordamos del coche a la vuelta. Y no nos duele.
 
Pero, si además de todo esto que es una práctica común en todas las ciudades, pensamos en los beneficios que nos reporta limitar la circulación, lucharíamos con ahínco por tener una ciudad lo más libre posible de contaminación. Hace algunas semanas se emitió un informe sobre el óxido de nitrógeno que producen los coches y que respiramos los viandantes y es causa de riesgo y expuestos a sus efectos nocivos. Paliar en la medida de lo posible,  a medio y largo plazo nos puede beneficiar. Si a ello le sumamos andar un poco más y ahorrar energía con efectos tóxicos, creo que ganamos todos.
 
Los detractores creen que el turismo que nos visita es endeble, que gasta poco en la ciudad y que viene apenas unas horas para ver lo más significativo sin abrir el monedero. Es posible con empeño, ofreciendo buenos servicios y facilitándoles la estancia, revertir la tendencia. Convencida que Antequera será con el tiempo muy turística y todas las mejoras de ahora se verán compensadas en un futuro próximo.