Para no llevarte a la cama y amanecer con el tema catalán. He de reconocer que la actuación de Rajoy, en directo, dirigiéndose a todo el País, me hizo pensar y cavilar con detenimiento la gravedad de la situación. No creí que se tensara tanto la cuerda. Mi desconocimiento y falta de información sobre el tema, me hacía pensar que los independentistas, darían un paso atrás con el tema económico. 
 
Están realmente fuertes, con un pulso al Estado que quizá haya sorprendido a muchos de ellos, y cada día más radicales y obtusos. No es torpeza lo que les asiste, es un no acérrimo a comprender sus obligaciones y derechos con el Gobierno español. Tanto odio han ido generando, que hasta cerraban las puertas a inmigrantes de habla hispana, no fuera que esta lengua la quisieran mantener entre sus descendientes. Ahora tienen un colectivo muy numeroso de musulmanes que tampoco les favorece.
 
Dicen que se veía venir, pues si esta aseveración es verdad ¿cómo se ha llegado al encontronazo  de catalanes de unos contra otros y con el Estado de Derecho? Enarbolando senyeras e ideales cuando se manejan los hilos del poder es fácil arrastrar. Las consecuencias de tanto atropello están a la vuelta de la esquina.
 
Es una pena la manipulación que sufre la ciudadanía por parte de los gobernantes. Trasladada a nuestra Autonomía, oímos  a la Presidenta decir que el impuesto de sucesiones, que tanto daño ha hecho a muchas medianas herencias andaluzas, reconsidera que va a ser solo para los ricos. ¿Por qué habla con tanta falsedad si ella no ha tenido más que claudicar para quedarse con su sillón? Es el precio que tiene que pagar para que sus socios de gobierno le aprueben los presupuestos.
 
Y con atropellos vivimos en todas las esferas de la vida. No exagero, el acoso infantil, maltratos a las minorías, o al que consideramos diferente, violencia de género, denuncias de padres a hijos porque no hay manera de medio armonizar la vida familiar. También llega a los comedores de los colegios, donde los cabecillas tienen derecho a decidir quiénes comparten mesa con ellos y quienes se quedan fueran. Todo esto sucede ante la mirada ausente de los monitores incapaces de poner orden.