Fue bochornoso la imagen que nos llegó, vía tele, quemando tres banderas en Cataluña. Es llamar la atención en un acto tras otro. Estas insignias que representaban a Francia, Europa y España, fueron la osadía, llevada a su extremo, de unos que quieren mucho a su país catalán. Cara cubiertas, como hacen la mayoría de los sicarios, para que la contemplación de la escena no pase desapercibida. Todo estudiado con la idea de generar el mayor daño posible. No entro a evaluar si es delito o no. Lo siento como tal. Y Francia, que así lo ha reconocido, no ha tardado en pedir explicaciones y rectificaciones. Aquí vamos más lentos y más templados, y no siempre podemos esperar que el tiempo nos favorezca.
 
La historia nos dice que fue Carlos III quien en 1785, eligió la bandera roja y gualda con las mismas dimensiones de sus franjas que la actual. Y que ya en 1843 fue adoptada por el ejército y se convirtió en bandera nacional española. Que ha habido modificaciones por parte de los republicanos es sabido por todos, como también que en 1978 nuestra bandera fue confirmada por la Constitución. Y es de todo el territorio español, y de momento, los catalanes son españoles, aunque los medios de comunicación quieran confundirnos y nos cuente sus propias ensoñaciones. 
 
Digo esto porque en el atentado de las Ramblas, los afectados eran algunos españoles, otros catalanes, y también extranjeros. Si los catalanes no son extranjeros ni españoles ¿A qué grupo pertenecen? Hay que oír alto y claro al catedrático de Derecho Constitucional de la Universidad de Málaga cuando nos dice en su tribuna de opinión,  Ángel Rodríguez, que el principal problema de los catalanes no es su relación con España, sino si quieren que Cataluña siga siendo una democracia, tema muy grave a mi insignificante juicio.
 
La respuesta parece, aunque recubierta de divagaciones, que no se va a hacer esperar. Viendo a Otegui coger protagonismo en sus filas, es motivo suficiente para erizarnos el vello. ¡Y qué lejos estamos la sociedad española de postularnos al lado de los que no son independentistas y tienen coartada su libertad! Todo se reduce a decir que no va a ver referéndum, pero ¡qué pocas palabras de consuelo llegan hasta allí!